El contexto económico de 2012 no será el mismo de estos ocho últimos años de crecimiento a tasas chinas. Y ese es el mensaje que, en la intimidad, Cristina Fernández transmite a los gobernadores. La presidenta de la Nación sabe que los mandatarios provinciales deben ser más aliados que siempre. La pelea con la CGT del camionero Hugo Moyano ha modificado el escenario que se viene en la Argentina. Se vislumbra que las próximas paritarias pueden ser de las más duras de los últimos tiempos si es que antes no se produce un acercamiento entre el kirchnerismo y el sindicalismo moyanista. Hoy velan sus armas.
La enfermedad presidencial brinda cierta tregua a este terreno conflictivo. ¿Cómo observaría la sociedad argentina que el líder cegetista golpee el corazón del poder kirchnerista mientras ella convalece? Ese es un elemento que juega en favor de Amado Boudou, el vicepresidente de la Nación que -en tan poco tiempo- se encontrará conduciendo los destinos del país durante 20 días. Claro está que para que ese tránsito institucional sea lo más tranquilo posible necesitará del acompañamiento de los gobernadores y de las cámaras empresariales -afines y no a la gestión-.
En política, nada es gratis. Cristina sabía que la moneda de cambio para sostener la relación con las provincias era una generosa refinanciación de la deuda pública. La Nación es el principal acreedor de, al menos, los 17 distritos que ayer suscribieron el acuerdo que brinda dos años de gracia, en los cuales ningún mandatario cederá un peso en favor de la Casa Rosada. El arranque de 2012 será con un ánimo distendido. José Alperovich, por ejemplo, no suspenderá sus vacaciones previstas en Punta del Este para quedarse en Tucumán a ver qué puede llegar a pasar con las finanzas. Hay previsibilidad y ahorro financiero de los años de bonanza que le permiten a la provincia pasar el verano. Ahora, con el acuerdo por la deuda, esa previsión puede llegar tranquilamente hasta la próxima primavera. Y cuando se dice calma se alude al pago regular de los salarios estatales. Ese es el termómetro financiero que marca el rumbo de la pasividad política en el distrito. A bolsillos llenos, serenas estarán las aguas.
La refinanciación global también le permitirá a Alperovich sopesar la discusión salarial que se viene. Y evitar el desmadre fiscal. Sabido es que la Casa Rosada ha establecido un esquema de ahorro forzoso durante el primer trimestre de cada año, que implica retaceos de partidas a las provincias, particularmente de fondos discrecionales destinados a la obra pública y a la asistencia social. Al no ser un año electoral, en 2012 no habrá tantas urgencias para inclinar la balanza de adhesiones hacia el proyecto alperovichista.
Pero los efectos de la crisis internacional no dejan de merodear en el pensamiento del gobernador. Hay algunas empresas radicadas en Tucumán que le hicieron saber al mandatario que ya hay indicios respecto de que lo que se viene en el mundo no es nada favorable para la Argentina, y que está lejos aquel blindaje tan declamado por algunos funcionarios. Si hasta este año, la estrategia del Gobierno provincial ha sido ahorrar el equivalente al 15% de los gastos totales del Estado, para 2012 es posible que el porcentaje se eleve al 20%. Da la sensación de que un presupuesto de $ 13.800 millones es demasiado dinero para una provincia tan chica. Pero, los miembros del gabinete alperovichista consideran que la demanda de la sociedad se torna infinita. En general, el principal temor subyace en un fantasma que ha desaparecido hace algunos años de gran parte de las provincias y que hoy es una mala palabra: déficit. Lo preocupante es que eso se está corporizando y que, si bien Tucumán no está a tiro, el temor es al contagio y a la tentación de seguir gastando.
La enfermedad presidencial brinda cierta tregua a este terreno conflictivo. ¿Cómo observaría la sociedad argentina que el líder cegetista golpee el corazón del poder kirchnerista mientras ella convalece? Ese es un elemento que juega en favor de Amado Boudou, el vicepresidente de la Nación que -en tan poco tiempo- se encontrará conduciendo los destinos del país durante 20 días. Claro está que para que ese tránsito institucional sea lo más tranquilo posible necesitará del acompañamiento de los gobernadores y de las cámaras empresariales -afines y no a la gestión-.
En política, nada es gratis. Cristina sabía que la moneda de cambio para sostener la relación con las provincias era una generosa refinanciación de la deuda pública. La Nación es el principal acreedor de, al menos, los 17 distritos que ayer suscribieron el acuerdo que brinda dos años de gracia, en los cuales ningún mandatario cederá un peso en favor de la Casa Rosada. El arranque de 2012 será con un ánimo distendido. José Alperovich, por ejemplo, no suspenderá sus vacaciones previstas en Punta del Este para quedarse en Tucumán a ver qué puede llegar a pasar con las finanzas. Hay previsibilidad y ahorro financiero de los años de bonanza que le permiten a la provincia pasar el verano. Ahora, con el acuerdo por la deuda, esa previsión puede llegar tranquilamente hasta la próxima primavera. Y cuando se dice calma se alude al pago regular de los salarios estatales. Ese es el termómetro financiero que marca el rumbo de la pasividad política en el distrito. A bolsillos llenos, serenas estarán las aguas.
La refinanciación global también le permitirá a Alperovich sopesar la discusión salarial que se viene. Y evitar el desmadre fiscal. Sabido es que la Casa Rosada ha establecido un esquema de ahorro forzoso durante el primer trimestre de cada año, que implica retaceos de partidas a las provincias, particularmente de fondos discrecionales destinados a la obra pública y a la asistencia social. Al no ser un año electoral, en 2012 no habrá tantas urgencias para inclinar la balanza de adhesiones hacia el proyecto alperovichista.
Pero los efectos de la crisis internacional no dejan de merodear en el pensamiento del gobernador. Hay algunas empresas radicadas en Tucumán que le hicieron saber al mandatario que ya hay indicios respecto de que lo que se viene en el mundo no es nada favorable para la Argentina, y que está lejos aquel blindaje tan declamado por algunos funcionarios. Si hasta este año, la estrategia del Gobierno provincial ha sido ahorrar el equivalente al 15% de los gastos totales del Estado, para 2012 es posible que el porcentaje se eleve al 20%. Da la sensación de que un presupuesto de $ 13.800 millones es demasiado dinero para una provincia tan chica. Pero, los miembros del gabinete alperovichista consideran que la demanda de la sociedad se torna infinita. En general, el principal temor subyace en un fantasma que ha desaparecido hace algunos años de gran parte de las provincias y que hoy es una mala palabra: déficit. Lo preocupante es que eso se está corporizando y que, si bien Tucumán no está a tiro, el temor es al contagio y a la tentación de seguir gastando.