Un nuevo momento de tensión entre la Argentina y Gran Bretaña se instaló estos días. La decisión tomada por el presidente uruguayo, José Mujica, de impedir que los barcos pesqueros con bandera de las Islas Malvinas recalen en los puertos del vecino país, una determinación que luego se amplió a todo el Mercosur, generó el nuevo incidente que aparece en el espectro diplomático. La medida fue impulsada en solidaridad a los inveterados reclamos que nuestro país viene formulando contra el Reino Unido, que ocupa ilegalmente el archipiélago. Es decir que las naves con bandera de las Malvinas no podrán amarrar en los puertos de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. La medida no incluirá a los barcos civiles de bandera británica que entregan suministros al archipiélago, pero las naves militares sí estarán alcanzadas por la restricción. La presidenta Cristina Fernández elogió la iniciativa uruguaya y el Senado de la Nación agradeció el gesto del bloque comercial.

El Gobierno británico, a través del Foreing Office (Ministerio de Relaciones Exteriores) y luego, y desde la administración isleña, rechazaron la decisión solidaria con nuestro país. "Estamos muy preocupados por este último intento argentino de aislar al pueblo de las Falklands y dañar su sustento, por lo cual no hay justificativo", sostuvo. Desde la cámara de comercio del archipiélago se aseguró que unas 20 embarcaciones pesqueras llevan bandera de las Malvinas, 19 de las cuales operan en conjunto con licencias españolas y que el castigo lo sufrirán los 3.000 habitantes de las islas. La decisión del Mercosur sobrevino luego de que el gobierno argentino se opusiera a las exploraciones de hidrocarburos en la zona por empresas británicas, bajo la concesión de la administración británica. El Gobierno del Reino Unido, que ocupa ilegalmente Malvinas desde 1833 y libró una guerra de dos meses con la Argentina por el control del territorio en 1982, hizo transcender -luego- que se propone enviar un submarino nuclear a la zona del Atlántico sur. En el marco de esta escalada, el diario británico "The Independent" en una nota editorial titulada "tiempo de hablar de las Malvinas" recordó que "el año pasado, (la secretaria de Estado norteamericana) Hillary Clinton sugirió" la posibilidad de avanzar en tratativas entre los gobiernos de Cristina Fernández y David Cameron. Planteó que Londres debería considerar esa oferta, luego de que la Argentina obtuviera el respaldo del Mercosur para impedir el atraque de buques en los puertos regionales. "Casi tres décadas después de la guerra, un obscuro archipiélago es una fuente de creciente tensión política una vez más, pero simplemente ignorar los reclamos de soberanía por parte de Buenos Aires no hará desaparecer esa tensión", advirtió. Y el viernes, fue el propio primer ministro, David Cameron, quien sostuvo que "Argentina continúa con sus esfuerzos injustificados y contraproducentes por interrumpir el tráfico marítimo alrededor de las islas e impedir que las empresas lleven a cabo actividades comerciales legítimas" y le aseguró a los malvinenses que su derecho a la autodeterminación es la piedra angular de su política". Estamos ante un nuevo entredicho sostenido por ambas partes, que le agrega tensión a las ya largas diferencias. No parece ser el modo más constructivo de resolver un reclamo histórico, que tiene amplio respaldo internacional, en especial de la ONU. Gran Bretaña debe entablar las negociaciones para restituir las Malvinas.