Sesenta años en la Justicia Federal de Tucumán no se cumplen todos los días. Por esa razón, cuatro miembros de la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán (Ricardo Mario Sanjuán -presidente-, Ernesto Clemente Wayar, Marina Cossio de Mercau y Graciela Fernández Vecino) han decidido homenajear al vocal decano de ese tribunal, Raúl David Mender, designando a la mesa general de entradas con su nombre.
El reconocimiento (calificado de justo y merecido en función de la vasta, abnegada y fecunda carrera de Mender) se traduce en una placa conmemorativa colocada en la entrada de la calle Congreso y en una Acordada -la 101/11, del 26 de septiembre de este año- que exalta las cualidades y la trayectoria del nonagenario juez (es, junto a Carlos Santiago Fayt, vocal de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, uno de los magistrados más longevos del Poder Judicial argentino).
Mender ingresó a los Tribunales Federales el 16 de abril de 1951, día en que prestó juramento como secretario de Cámara, según la mencionada Acordada. El 8 de octubre de 1969 fue designado procurador fiscal federal ante el Juzgado Federal de primera instancia de Tucumán. Luego, en 1974, el Poder Ejecutivo de la Nación lo nombró vocal de la Cámara, cargo que desempeñó hasta el 29 de octubre de 1976, cuando cesó en sus funciones por el Decreto 2.282 que firmó Jorge Rafael Videla.
"El retorno de la democracia y la normalización constitucional de la República permitió que por Decreto 458 del 31 de marzo de 1986 fuera nuevamente designado vocal de la Cámara Federal, desempeñándose en ese cargo hasta la actualidad", informa el documento.
A continuación, los vocales han expresado: "en su larga trayectoria, como juez o presidente cuando le tocó actuar como tal, el doctor Mender participó en forma destacada en la vida institucional de esta Cámara juzgando, como se desprende de sus pronunciamientos muchas veces dictados en disidencia de la opinión mayoritaria, sin perder de vista que la idea de justicia es el principio más elevado del Derecho".
Sanjuán, Wayar, Cossio y Fernández Vecino han afirmado que la labor del vocal decano ha contribuido de manera decisiva a jerarquizar la tarea jurisprudencial del tribunal y que este siempre ha sido un celoso custodio del respeto que se le debe al Poder Judicial como institución del Estado encargada de la administración de justicia.
El reconocimiento (calificado de justo y merecido en función de la vasta, abnegada y fecunda carrera de Mender) se traduce en una placa conmemorativa colocada en la entrada de la calle Congreso y en una Acordada -la 101/11, del 26 de septiembre de este año- que exalta las cualidades y la trayectoria del nonagenario juez (es, junto a Carlos Santiago Fayt, vocal de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, uno de los magistrados más longevos del Poder Judicial argentino).
Mender ingresó a los Tribunales Federales el 16 de abril de 1951, día en que prestó juramento como secretario de Cámara, según la mencionada Acordada. El 8 de octubre de 1969 fue designado procurador fiscal federal ante el Juzgado Federal de primera instancia de Tucumán. Luego, en 1974, el Poder Ejecutivo de la Nación lo nombró vocal de la Cámara, cargo que desempeñó hasta el 29 de octubre de 1976, cuando cesó en sus funciones por el Decreto 2.282 que firmó Jorge Rafael Videla.
"El retorno de la democracia y la normalización constitucional de la República permitió que por Decreto 458 del 31 de marzo de 1986 fuera nuevamente designado vocal de la Cámara Federal, desempeñándose en ese cargo hasta la actualidad", informa el documento.
A continuación, los vocales han expresado: "en su larga trayectoria, como juez o presidente cuando le tocó actuar como tal, el doctor Mender participó en forma destacada en la vida institucional de esta Cámara juzgando, como se desprende de sus pronunciamientos muchas veces dictados en disidencia de la opinión mayoritaria, sin perder de vista que la idea de justicia es el principio más elevado del Derecho".
Sanjuán, Wayar, Cossio y Fernández Vecino han afirmado que la labor del vocal decano ha contribuido de manera decisiva a jerarquizar la tarea jurisprudencial del tribunal y que este siempre ha sido un celoso custodio del respeto que se le debe al Poder Judicial como institución del Estado encargada de la administración de justicia.