BUENOS AIRES.- Se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de la Nación por el voto popular. Bajo una lluvia de papeles picados y con Néstor Kirchner a su lado, Cristina Fernández de Kirchner juraba, el 10 de diciembre de 2007, en el Congreso.
La otrora primera dama utilizó la fórmula “por Dios, la Patria y los Santos Evangelios”, la misma que inmediatamente después usó el vicepresidente Julio Cobos. En un hecho sin precedentes en la historia argentina, por aquel entonces, su esposo le entregaba la banda presidencial y el bastón.
A las 15.20, Cristina empezó su discurso en el que durante 50 minutos hizo incapié en los ejes de la futura gestión. Visiblemente emocionada, dio señales de continuidad y enumeró cuatro aspectos fundamentales. “Quiero en esta tarde reflexionar acerca de las instituciones, de la sociedad, del modelo de acumulación con inclusión social y de la inserción en el mundo”, comenzaba.
También lanzó advertencias a varios sectores. “No soy presidenta para convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios”, sentenció en esa oportunidad. En el terreno económico, reforzó la idea de una nueva matriz económica.
Al referirse a la educación, la titular del Ejecutivo dijo esa tarde que siempre hay que cambiar las cosas que se han hecho mal, tratando de profundizar las que se han hecho bien. "La educación es otro eje fundamental. No hay financiamiento estatal que valga, si no hay capacitación y formación docente. Si todos no trabajamos y nos esforzamos”, aseveró.
Finalmente, cuando promediaba su discurso, CFK, por sus siglas, manifestó su reclamo irrenunciable e indeclinable por la soberanía sobre las Islas Malvinas, y reclamó a Gran Bretaña que cumpla con el mandato de las Naciones Unidas y “se siente a negociar” por el archipiélago. LA GACETA ©