Nerviosa. Como la primera vez. Las miradas inquisidoras la intimidan. Casi no hay mujeres. El verano anterior, la junta había estado a punto de darle un certificado de invalidez, pero no se animó. La mano le indica que puede comenzar. El atuendo celeste y blanco tajeado se desliza pausadamente hasta la cintura. Magulladuras. Hematomas sobresalen en su cuerpo. Los sectores lozanos son pequeños. La voz inexpresiva la interroga: - Queremos saber la verdad, por su boca... - ¿La verdad? ¡Ja ja! ¿Existe? - No se burle. - La inventaron los hombres. Los animales, la naturaleza, ¿tienen verdades? - ¡Descúbrase hasta los pies!
La túnica cae. Los moretones parpadean como tuquitos. Ella sonríe. La voz: - ¿Maridos golpeadores? - También mujeres. - ¿Insensibles? - Más bien autodestructivos. Soberbios. Intolerantes. Demagogos. - Ajá, ¿perfil ideológico? - Dos, pero en el fondo, uno solo y contradictorio. -¿Cómo es eso? - Es largo de contar. Unitarios y federales. Ganaron los segundos que, en realidad, eran unitarios... - ¿Y en la actualidad? - Ahora tienen otros nombres, pero la dueña de la plata sigue siendo una, los demás mendigan. Mientras ella respira buenos aires, los otros, el olor del Riachuelo o del Salí... - ¿Qué esconde en las axilas? - Dignidad. Decencia. Amor por el pueblo... - ¿Por dónde empezamos a revisarla? - Por donde les guste... ¿Puedo hacer una sugerencia? - No estamos seguros. - ¿Y si crean el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico del Enriquecimiento Ilícito Argentino "Manos en la lata"? Alguna vez podrían hacerme un regalito. Para algo soy la historia, ¿que no?