Se suele decir que los artistas representan el alma de un pueblo. Así lo entienden muchas sociedades que sienten orgullo de ellos, y en consecuencia, los veneran y los reconocen constantemente. Son conscientes de que estos contribuyen a construir cotidianamente parte de la identidad. En contrapartida, hay otras comunidades que olvidan con cierta frecuencia a sus hacedores de cultura y poco hacen para difundir su obra. Ocurre, por ejemplo, con escritores cuya obra permanece casi desconocida.
Por ejemplo, el poeta Luis Alberto Díaz (25/8/1924-9/8/1979) nació en la localidad de San Pablo, estudió en Monteros, pero la mayor parte de su vida transcurrió en Bella Vista. El único libro editado -luego de su muerte- es "Madre cooperativa", dedicado a los hacedores de la cooperativa Campo de Herrera. Su producción poética es fecunda y se halla desparramada incluso entre habitantes de Bella Vista porque acostumbraba a regalarle sus poemas a la gente del pueblo. Compuso bellas piezas folclóricas con Rolando Valladares, Abel Mónico Saravia, Fernando Portal, Luis Gentilini, Eduardo Cerúsico y José Miranda Villagra, entre otros. "Cuando mueren ya las sombras de la noche acorralada, mis amigos se van yendo solos con el bostezo del alba...", dice la letra de una zamba que compuso con Gentilini, premiada en Cosquín. Han transcurrido 32 años de su muerte y su obra se mantiene inédita. Ni siquiera la Municipalidad de Bella Vista, ciudad a la que amó, se ha interesado por editar los trabajos de Lucho.
Otro que corre la misma suerte de Díaz -fueron compañeros en el colegio- fue el escritor y maestro rural Manuel Aldonate (10/4/1919-27/11/1993) que vio la luz en Juan Bautista Alberdi, pero fue en Monteros donde estudió y vivió casi toda su vida. Obtuvo lauros por sus ensayos y poemarios como el primer premio del Concurso Peuser, la Medalla de Oro de la Sociedad Argentina de Escritores Filial Tucumán y el premio del Consejo Provincial de Difusión Cultural por su libro Clima de la miel. Entre sus obras inéditas se encuentran: Cantata del Cañaveral y la miel; Semblanza de un cebil y dos obras de teatro. "Pero no importan las piedras ni las manos que tenga el universo porque tengo un castillo medieval de poemas, dentro del cual me escondo para que ninguna piedra me golpee en el rostro", escribió. Creador del Encuentro de Poetas y Escritores de Monteros, Aldonate le cantó al campesino y al zafrero, su poesía está íntimamente ligada a Tucumán.
La mayor parte de la producción del periodista y poeta José Augusto Moreno (1934/1996) se halla inédita. Obtuvo galardones por sus trabajos literarios y periodísticos. "Morir es irse durmiendo, irse llenando de olvido, es olvidar el resuello con el tiempo detenido", escribió.
Díaz, Aldonate y Moreno son apenas tres ejemplos de esta ingratitud hacia los hacedores de cultura. Los municipios de Bella Vista, Monteros y San Miguel de Tucumán podrían editar sus obras completas o una antología digna y difundirlas en las escuelas. En setiembre de 2010, el Concejo Deliberante capitalino sancionó la ordenanza por la cual se crea la "Distinción y reconocimiento a la trayectoria artística" con carácter de premio vitalicio. Ha transcurrido más de un año sin que el Departamento Ejecutivo la haya reglamentado, lo cual refleja el desinterés por los artistas y los científicos, que son ellos -no la clase política- los que prestigian a Tucumán a nivel nacional e internacional.
Por ejemplo, el poeta Luis Alberto Díaz (25/8/1924-9/8/1979) nació en la localidad de San Pablo, estudió en Monteros, pero la mayor parte de su vida transcurrió en Bella Vista. El único libro editado -luego de su muerte- es "Madre cooperativa", dedicado a los hacedores de la cooperativa Campo de Herrera. Su producción poética es fecunda y se halla desparramada incluso entre habitantes de Bella Vista porque acostumbraba a regalarle sus poemas a la gente del pueblo. Compuso bellas piezas folclóricas con Rolando Valladares, Abel Mónico Saravia, Fernando Portal, Luis Gentilini, Eduardo Cerúsico y José Miranda Villagra, entre otros. "Cuando mueren ya las sombras de la noche acorralada, mis amigos se van yendo solos con el bostezo del alba...", dice la letra de una zamba que compuso con Gentilini, premiada en Cosquín. Han transcurrido 32 años de su muerte y su obra se mantiene inédita. Ni siquiera la Municipalidad de Bella Vista, ciudad a la que amó, se ha interesado por editar los trabajos de Lucho.
Otro que corre la misma suerte de Díaz -fueron compañeros en el colegio- fue el escritor y maestro rural Manuel Aldonate (10/4/1919-27/11/1993) que vio la luz en Juan Bautista Alberdi, pero fue en Monteros donde estudió y vivió casi toda su vida. Obtuvo lauros por sus ensayos y poemarios como el primer premio del Concurso Peuser, la Medalla de Oro de la Sociedad Argentina de Escritores Filial Tucumán y el premio del Consejo Provincial de Difusión Cultural por su libro Clima de la miel. Entre sus obras inéditas se encuentran: Cantata del Cañaveral y la miel; Semblanza de un cebil y dos obras de teatro. "Pero no importan las piedras ni las manos que tenga el universo porque tengo un castillo medieval de poemas, dentro del cual me escondo para que ninguna piedra me golpee en el rostro", escribió. Creador del Encuentro de Poetas y Escritores de Monteros, Aldonate le cantó al campesino y al zafrero, su poesía está íntimamente ligada a Tucumán.
La mayor parte de la producción del periodista y poeta José Augusto Moreno (1934/1996) se halla inédita. Obtuvo galardones por sus trabajos literarios y periodísticos. "Morir es irse durmiendo, irse llenando de olvido, es olvidar el resuello con el tiempo detenido", escribió.
Díaz, Aldonate y Moreno son apenas tres ejemplos de esta ingratitud hacia los hacedores de cultura. Los municipios de Bella Vista, Monteros y San Miguel de Tucumán podrían editar sus obras completas o una antología digna y difundirlas en las escuelas. En setiembre de 2010, el Concejo Deliberante capitalino sancionó la ordenanza por la cual se crea la "Distinción y reconocimiento a la trayectoria artística" con carácter de premio vitalicio. Ha transcurrido más de un año sin que el Departamento Ejecutivo la haya reglamentado, lo cual refleja el desinterés por los artistas y los científicos, que son ellos -no la clase política- los que prestigian a Tucumán a nivel nacional e internacional.