Frente a la crisis global la prioridad se concentrará en la profundización deente a la crisis global la prioridad se concentrará en la profundización de las relaciones económicas y en el frente interno. Ese es el mensaje explícito que surgió del acuerdo entre la Argentina y Brasil que decidieron impulsar las presidentas Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff. En Caracas, donde ambas mandatarias participaron de la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), pusieron en marcha una nueva estrategia comercial común con la intención de resguardar las economías de ambos países de los efectos de la fuerte y extendida crisis mundial.
Fernández de Kirchner y Rousseff dejaron constituido el Mecanismo de Integración Productiva (MIP), un entendimiento que operará-fundamentalmente- para frenar la invasión de productos de terceros mercados. La presidenta de Brasil lo explicó así: "frente a la crisis, es necesario el fortalecimiento del Mercosur y la integración productiva entre Brasil y Argentina, no sólo para ampliar las relaciones comerciales, sino y sobre todo, para construir cadenas que sean complementarias, que puedan estrechar más esas relaciones económicas en la región". La jefa de Estado argentino lo remarcó: "compartimos una visión conjunta de lo que pasa hoy en el mundo y en la necesidad de lograr que la región siga creciendo con inclusión social para que ese crecimiento no se vea entorpecido por las crisis externas". Se trata, entonces, de la puesta en marcha de una suerte de "blindaje comercial" contra productos provenientes de China, India, Europa y EEUU -en gran medida- y el reconocimiento de que la crisis preocupa, moviliza y ya impone iniciativas concretas.
Así, ha quedado convenido en que se buscará una integración completa en sectores y empresas en los que más conflictos ha generado la relación bilateral: el automotriz, el textil y el calzado, y, a la vez se convino en facilitar el ingreso al mercado brasileño de productos que hasta aquí estaban prácticamente vedados, como el aceite de oliva, ciertos cortes de carnes y determinados zapatos, entre otros. Aunque desde la puesta en marcha del Mercosur, el vínculo comercial no ha hecho más que aumentar (este año será de un poco más de U$S 40.000 millones), uno de los aspectos inquietantes para la Argentina ha sido el déficit de la balanza comercial (U$S 5.300 millones a noviembre de este año) que se mantiene en gran medida en áreas donde las distorsiones, las asimetrías y las diferencias no han podido resolverse, pese a los reclamos de nuestro país. Así pues, es de esperarse que esta nueva iniciativa bilateral, marcada por una visión pragmática de la realidad y pensada para privilegiar el movimiento del mercado interno, pero que también lleva la impronta de un proteccionismo que incomoda a los mercados, sea gestionada con madurez y responsabilidad, de modo tal que genere efectos virtuosos en los procesos productivos y laboral, una mayor y mejor oferta de bienes y servicios y aleje las dificultades y disputas entre socios que se necesitan estructuralmente.
Todo indica que son tiempos de medidas extraordinarias para enfrentar un escenario igualmente extraordinario y convulso, toda vez que los principales países desarrollados no encuentran la medida justa para resolver una crisis que los tiene a mal traer. Para Argentina y Brasil, el acuerdo podría implicar un gran salto en la construcción de la política común. Pero para el gobierno argentino, la decisión tiene un valor añadido: avanza en la "sintonía fina" que se propuso la Presidenta para sincerar el diagnóstico de la realidad y actuar en consecuencia.