Tonadas mexicanas y chilenas y rostros decididamente extranjeros pudieron escucharse y verse en el inicio del Festival ARRE, ayer en la sala La Gloriosa (San Luis 836). El encuentro está organizado por el grupo La Vorágine. Casi un centenar de teatristas de otros países y provincias saludaron el lanzamiento de este Festival que, de entrada, emitió duras críticas hacia las políticas estatales de cultura. Además, se reivindicó el trabajo de los artistas, en particular del teatro independiente.

Las delegaciones se instalaron en la residencia de Horco Molle, y hasta el domingo asistirán a puestas, pero también a charlas, talleres, debates y presentaciones de publicaciones.

Al dar la bienvenida, el actor, director y dramaturgo Pablo Gigena reiteró el objetivo del ARRE: presentar dramaturgias regionales, las relaciones entre el arte y la política y las nuevas tendencias escénicas. También celebró la realización del encuentro a pesar del escaso respaldo de las autoridades.

Hasta el domingo está prevista la participación de 20 elencos, con la puesta de tres obras diarias en distintas salas de la capital, Lules y Yerba Buena.

Popesku

La obra que abrió el programa fue la tucumana "Popesku debe morir", escrita y dirigida por Guillermo Montilla Santillán, de la compañía Silfos. Se trata de una pieza con un carácter evidentemente político.

La puesta, resuelta con una austera escenografía, e interpretada por Fernando Godoy, José María Risso, Bruno Yuliano y Sebastián Zamora, trata sobre un grupo de ciudadanos de la supuesta República de Uslivania que se propone matar al dictador Popesku.

Son cuatro hombres: un idealista sin remedio, un hijo de inmigrantes rusos cuyo padre luchó en Leningrado, un actor sin trabajo y un pasante del Museo Nacional los que han decidido llevar a la acción esta loca idea; "un romántico accionar", como lo señala el personaje Vladislav en uno de los diálogos. El plan atravesará distintos avatares, pero quedará claro que estos hombres estarán dispuestos hasta el último momento a decir "no, basta".

"Popesku debe morir" se estrenó el año pasado y, desde entonces la compañía realizó una gira por distintos países latinoamericanos como Chile, El Salvador y México.

Posteriormente, en el Taller Nonino (Las Piedras 583) se presentó la obra "Wara y el sudor del sol", del grupo Los Cirujas, proveniente de Bolivia. Y al concluir la primera jornada fue el turno del colectivo La Espina, de La Pampa, que también en La Gloriosa cerró con la obra "La cosa y la cruz".

"Wara y el sudor del sol" cuenta la historia de una niña pastora aymará que vive cerca del lago Titicaca. "La cosa y la cruz", en tanto, narra los desencuentros, búsquedas y pérdidas, y la incomunicación en la sociedad contemporánea.

El público que colmó las salas fue -en su gran mayoría- el de las delegaciones invitadas.