Quedé algo desilusionado al leer en esta biografía de Steve Jobs que su famoso carisma, que años atrás tuve ocasión de apreciar personalmente, debía mucho a una técnica de manipulación aprendida de un tal Robert Friedland, cultivador de manzanas orgánicas, traficante de LSD y frecuentador con Steve de fiestas de los Hare Krishna "donde ambos bailaban y cantaban a todo pulmón". Datos que dan una idea de la riqueza de información que ofrece este impactante libro de 736 páginas apenas publicado en la Argentina por la editorial Debate.
La oportunidad de conocer a Jobs se presentó en 1985 en un cocktail en la sede romana de Apple Italia en el que participamos unos 30 profesionales y empresarios relacionados por un motivo u otro con esta empresa. El momento era delicado, pues Jobs acababa de perder su famosa confrontación por la conducción de Apple con John Sculley. Éste, recordamos, era el ejecutivo de Pepsi Cola que Jobs había convencido a aceptar la conducción de Apple espetándole "¿quieres pasarte el resto de tu vida vendiendo agua azucarada, o quieres una oportunidad para cambiar el mundo?".
En esa recepción romana, Jobs, en jeans y zapatillas, y aunque ya notoriamente con un pie fuera de la empresa que había fundado ocho años antes, no se privó de tirarles la oreja en público a los atildados ejecutivos presentes por la compra de la palazzina en la que se celebraba el ágape, en un momento de crisis para la empresa.
De Roma, como aprendo también por este libro, Jobs viajó a la Unión Soviética, donde consternó a todo el mundo con sus insistentes alabanzas a León Trotsky, líder revolucionario con el cual decía identificarse. Y apenas regresó a los Estados Unidos dimitió finalmente a todos sus cargos en Apple. La cual, como pasó ya a la leyenda, diez años después tuvo que rogarle que volviera para salvarla de la ruina; cosa que Jobs aceptó, y que consiguió en exceso, ya que gracias al iPod, que revolucionó el negocio de la música, y al iPhone, que lo hizo con las comunicaciones, Apple llegó al primer lugar en la lista de Fortune de las empresas más importantes del mundo por facturación y ganancias.
Vida de película
Es fácil imaginar que las usinas de Hollywood deben estar ya trabajando a pleno régimen para llevar a la pantalla la epopeya de este hombre cuya desaparición ha provocado en todo el mundo manifestaciones de duelo que algunos compararon, tal vez con un poco de exageración, a las que siguieron a la muerte de John Lennon y de Lady Di.
La lectura de esta biografía será indispensable para quienes tarde o temprano filmarán esa película, ya que el gran público quiere no solamente envidiar a los ricos y famosos sino también regodearse en sus debilidades e infelicidades, y a este propósito el libro no omite ni un solo crudo aspecto de la vida del protagonista, que podría así resumirse, en forma de sujeto cinematográfico: Hijo biológico de una pareja de estudiantes, árabe él y californiana ella, ambos de familia pudiente, deciden, para no tener que casarse ante la oposición de sus familias, entregar el niño en adopción a una pareja de trabajadores. Estos se sacrifican para asegurar al chico una buena educación, y él los repaga abandonando la universidad, volviéndose hippie y dándose al uso de todo tipo de drogas recreativas.
Aunque su talento le consigue un buen trabajo en la firma Atari, la escasa o nula higiene del joven aconseja a esta empresa atribuirle un trabajo nocturno y en ambiente aislado de los demás trabajadores. De un amorío casual con una amiga le nace una hija que él niega sea suya, contra toda evidencia. Se desentiende de esta hija hasta que el dinero empieza a lloverle encima cuando todavía no cumplió los 20 años. Decenios después, aunque convertido en el empresario más exitoso del mundo, persiste en seguir curas y cultivar dietas exóticas aprendidas en su período hippie que no poco deben haber colaborado con su temprana muerte por cáncer de páncreas. Sólo al conocer a la que ahora es su viuda encuentra una medida de paz en su existencia, hasta entonces marcada por una dureza feroz en sus relaciones con familia, amigos, socios, colaboradores y rivales.
El autor de este libro había escrito antes biografías de Benjamín Franklin, Albert Einstein y Henry Kissinger. Jobs estaba comprensiblemente persuadido de pertenecer a esta categoría de personas, y en tal convicción empujó al autor a escribir su biografía con la promesa, luego estrictamente cumplida, de no interferir con la misma.
En su enfoque de los negocios, como en el de su vida en general, Jobs se rebeló siempre a las convenciones, y a ello Isaacson atribuye en gran parte su éxito. Cuando alguien le propuso realizar una encuesta previa a la introducción de cierto producto en el mercado, respondió: "No, porque los clientes no saben lo que quieren, hasta que se lo mostramos". Y quien escribe esta nota puede certificarlo: desde que hace casi 30 años vio y probó su primera Macintosh, ni bajo tortura trabajaría con una computadora que no lleve el logo de la manzanita. © LA GACETA