De chiquito le gustaban los dinosaurios. Quería ser paleontólogo. "Siempre buscaba investigar, ir más allá", recuerda su madre Cecilia Raquel Martorelli. Pero como en Tucumán no existía esa carrera, Gustavo Campissi ingresó finalmente a la Policía, a principios de 2008.

Su primer destino fue la Regional Capital. Luego fue a Yerba Buena, hasta que pasó a cumplir funciones en la Patrulla Motorizada de Tafí Viejo. Los Campissi vivieron siempre en Timbó Viejo. Todos los días, a las 6.30, Gustavo tomaba el colectivo en la puerta de su casa, sobre la ruta 318. "Hacía mucho ejercicio. Todos los días entrenaba", comentó Conrado Campissi, padre del policía.

La historia de Gustavo y de sus padres podría ser la de cualquier familia que tiene un hijo que ingresó a la fuerza. Pero el 9 de septiembre de 2009, todo cambió para los Campissi. Gustavo fue asesinado con su arma reglamentaria por un ladrón, y hoy podría dictarse sentencia contra el único acusado por el homicidio.

El cabo de Policía volvía a su casa en colectivo. En la rotonda de acceso al barrio Soeme, de Las Talitas, subieron dos jóvenes. Uno de ellos se ubicó cerca del conductor, y el otro se paró en la parte trasera del ómnibus.

Voz de alto
Apenas recorrió un par de cuadras, el chofer Rubén Carabajal empezó a ser agredido por el menor, que en ese entonces tenía 15 años, que estaba cerca de él. Lo golpeaba en la cabeza para robarle. Campissi sacó su arma, dio la voz de alto, y recibió un fuerte golpe en la cabeza.

"No se dio cuenta de que atrás estaba el hermano del otro muchacho. Lo golpeó con un fierro que estaba envuelto en una tela", contó Conrado Campissi. El muchacho cayó al suelo, y el ladrón aprovechó para tomar el arma reglamentaria del cabo.

Los hermanos se adueñaron de la recaudación, y cuando estaban por escapar, el menor de edad le dio una orden a su hermano. "Matalo, liquidalo", le dijo, según precisaron los pasajeros que declararon en el juicio oral. La bala entró por la espalda y atravesó todo el cuerpo del policía, hasta salir por el pecho. Carolina Abregú, una vecina que tantas veces vio a Gustavo en el colectivo, lo sostuvo sobre sus piernas cuando cayó. "Nunca me voy a olvidar de su mirada", dijo la mujer. Al juicio solamente llegó como acusado el mayor de los hermanos, ya que el otro fue declarado inimputable. Los jueces de la Sala I de la Cámara Penal, Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Eduardo Romero Lascano, escucharán desde las 9 los alegatos de la fiscala de Cámara, Juana Prieto de Sólimo, y del defensor oficial que asiste al acusado.

Durante la tarde podría dictarse sentencia. "No tengo odio. Mi hijo se comportó como era él, una persona dedicada a los otros. Yo sé que él está en un buen lugar, porque era un santo", dijo Martorelli.