Miguel Silver nació en una casa llena de música hecha por seres humanos. Su padre era bajista y entre sus discos podía encontrar desde tango hasta música clásica, disco, el rock de los Rolling y Kiss, la banda que significó su primer golpe de melomanía en la cabeza.
Lo estimularon las primeras imágenes que vio en su barrio: un Quilmes de vecinos que sacaban los parlantes para musicalizar la cuadra lo hizo soñar con esto de poner música, y de armar un continuado con canciones en un mismo beat.
Renegó a principios de los 90 cuando la gente decía "marcha". Él ya sabía, aunque no hacía mucho, que eso que venía principalmente de Inglaterra era house, o electropop, o simplemente música electrónica, pero nunca "marcha". A eso lo aprendió solo, compartiendo información con gente que estaba en la misma, siguiendo el rastro de los músicos y de las bandas por medio de los sellos discográficos. Experimentó con cassettes, grabadores y un Winco y terminó convirtiéndose definitivamente en DJ una noche en la que faltó el residente del boliche que gerenciaba.
Hoy tiene 42 años y es uno de los referentes argentinos de la música electrónica en todo el mundo. Hace dos años que no visitaba Tucumán con su coequiper Luis Nieva, con quien se presentan como Spitfire para ametrallar a cuatro bandejas las pistas de los mejores clubes. Y esta noche será el regalo de cumpleaños del boliche Pollock (San Martín 2.366).
- Con una familia con tanta música, ¿nunca intentaste tocar un instrumento?
- En algún momento intenté con la guitarra, pero me atraía más pasar música. Me gustaba la música ya hecha, seleccionarla y tenerla. Desde muy chico marcaba con claridad qué me gustaba y qué no, y nunca era lo que le gustaba a todos.
- ¿Qué cosas te hicieron un clic y ser lo que sos hoy?
- Tres cosas puntuales: escuchar Kiss siendo muy chico; escuchar música disco y después el technopop de Human Leage y escuchar los primeros discos de house, en el 87.
- ¿Cómo la llamaban a la música electrónica en ese momento?
- Algunos decían música bolichera o ítalo disco... No sabíamos cómo llamarla en realidad. No había internet, no existía tanta información. Yo escuchaba Erasure o Depeche Mode, por ejemplo y recurría a los sellos discográficos para saber de qué se trataba; también analizaba qué hacía cada músico por su cuenta para ir entendiendo qué era. Era muy difícil viajar al exterior, era carísimo, entonces te juntabas con gente que tenía data.
- ¿Y cuando le empezaron a decir ?marcha?, a principios de los 90, vos cómo le decías?
- Me desagradaba muchísimo que le digan marcha. Yo ya sabía qué era: era house, o electropop, o simplemente música electrónica, pero nunca marcha.
- ¿Te acordás de Nocturno?
- ¡Cómo no! Fue el primer lugar que nos trajo a Tucumán como Spitfire, allá por el 2004. Con mi primera formación, Urban Groove, fuimos a una fiesta de los Cabezas Cuadradas, en una estación de trenes en el 98, pero muy tranqui. A Nocturno llegué por mi amigo Tato Piatti, que me decía que la movida ya era muy grande. Llegué y comprobé que era más grande de lo que él me había contado y me quedé un par de días. Lo que pasaba ahí era que sólo se daba en lugares muy puntuales, se vivía la pasion por la música electrónica. Más allá de todo lo que se dijo después, fue un lugar muy avanzado culturalmente. La misma música que podía poner en los clubs más grandes de Baires la podía poner en Nocturno o en algunos lugares de Córdoba. Ahí entró Tucumán al ?top five? de los polos de la música electrónica en Argentina. Tiempo después, La boite y Pollock recuperaron toda esa vanguardia y pasión. Tucumán es una provincia chica, pero tiene gente que está un paso más adelante, es un centro donde se desarrollan cosas, un calvo de cultivo. Productores como Gerardo Boscarino y Titán están viajando por el mundo y son muy importantes.
- ¿Se puede decir que hay una electrónica propia de Argentina?
Sí, hay una personalidad bien marcada de los productores nacionales. Cada artista de la electrónica, dentro de sus géneros (electrotango, progressive, house, y techno) tienen lo propio y algo que los une: los caracteriza un groove muy acentuado, con ritmos muy hipnótico. Franco Cinelli, Guti y Jonas Kopp, por ejemplo. están haciendo una escuela argentina de la electrónica.
- Venís a tocar un jueves, como en Buenos Aires en Club 69. ¿Te gustan los jueves?
- El jueves te cruzás con un público especial, no es el mismo publico de los viernes o los sábados. El que sale lo hace en plan de fiesta, con un ánimo especial, la gente está alegre, es una pista interesantísima para cualquier DJ. Los jueves la gente sale a romper la regla de todo, sabe que al día siguiente va a ir a trabajar reventado y vos como DJ sabés que los que estén con vos no son una mayoría, son los que eligieron ir a divertirse.
- ¿Cual puede ser un pecado mortal/error fatal para un DJ?
- No ser sincero con uno mismo, hacer cosas que no te agradan y hacele creer a la gente que te gustan.
- ¿Qué opinás del brindis de Pappo, que pidió por el triunfo de la música hecha por seres humanos?
- Creo que Pappo se refería a otras cosas, no hizo una comparación con el DJ. Nosotros recreamos melodías que están hechas y podemos llegar a la continuidad con horas de baile y diversión. Raramente un músico puede tocar cinco horas seguidas. Son cosas distintas, pero todos hacemos música.
- ¿El que toca nunca baila?
- Eso es una mentira. Para tocar, primero hay que bailar, no importa si bien o mal. Si la música electrónica no te pasa por le cuerpo, entonces no podés hacer mover a nadie. En realidad, el que toca SIEMPRE baila.