Un hombre acostumbrado a manejar la caja como sistema de premios y castigos -para encolumnar lealtades y presionar a díscolos-, ¿debe estar preocupado porque a nivel nacional falte el hombre que manejaba la economía del país con el mismo método? Para ser más claro, el gobernador, José Alperovich, ¿debe inquietarse por desconocer la manera en que manejará la economía del país la presidenta, Cristina Fernández, en los próximos cuatro años? Néstor Kirchner no necesitó de un ministro de Economía de perfil alto en su gabinete -ni en el de su esposa, en este primer mandato- porque subordinó la economía a la política, o bien porque los tiempos no necesitaban -después de que echó a Roberto Lavagna de su entorno- una persona que se destacase en ese rubro. El patagónico concentró sobre sí todas las responsabilidades, hegemonizó el poder y centralizó el uso de los recursos del Estado. Todos los mandatarios provinciales conocían el esquema impuesto, sabían "cómo venía la mano" y, por lo tanto, se acomodaron al régimen. Los más fieles sacaron tajada, no sin dar antes muestras de sumisión política e institucional.

Hoy no está Kirchner, está Cristina, y el ministro de Economía, Amado Boudou, tiene sus pensamientos más cerca de la butaca de vicepresidente que de su oficina actual. Casi, casi no hay ministro y las políticas económicas las manejan Guillermo Moreno y Ricardo Echegaray, por lo que la intranquilidad es mayúscula, porque eso no es síntoma de que haya, precisamente, una política económica -dicho por los que saben, claro- a largo plazo. Retomando el hilo principal, y alterando un poco la pregunta: ¿Alperovich tiene razones para inquietarse por la futura gestión económica de Cristina? O mejor: ¿la Presidenta les genera incertidumbre en materia económica a los mandatarios provinciales? Se podría responder que sí cuando observan cómo se manejaron frente al dólar aunque, seguramente, estarán esperando nuevas señales.

O bien, como sostiene alguien que sabe de números y de política, se espera que defina si el próximo ministro de Economía será visible o invisible. Es decir, si seguirá concentrando el manejo económico como su marido (funcionario invisible) o si elegirá una persona del perfil más alto; caso Lavagna, en su momento. Ambas situaciones dependerán de la realidad económica del país y del rumbo de la crisis en el mundo. Cristina viene sosteniendo que no hubo viento de cola y que es el modelo de gestión impuesto -apuntar al crecimiento y la producción del empleo- lo que permitió a la Argentina sortear la debacle económica de 2008 y 2009. Si es así, se viene un ministro de perfil bajo, para que la economía siga subordinada a la política en la administración kirchnerista. Sin embargo, la economía -por peso propio- se está volviendo un tema de Estado.

Hasta ahora, los gobernadores han descubierto gestos de cierta apertura y diálogo en Cristina después del contundente triunfo del 23 de octubre. Pero como bien deslizó un dirigente del oeste, a manera de definición sobre la conducta política: "las circunstancias son las que cambian, nunca los estilos, al estilo bien se lo puede disimular de acuerdo a las circunstancias". En suma, Alperovich debería estar inquieto por lo que pueda sobrevenir a nivel nacional, porque cualquier cimbronazo económico -por errores propios o por causas externas- van a repercutir en la provincia. Sin embargo, vaya paradoja, debe estar tranquilo porque los números acompañan su gestión. La refinanciación de la deuda a 20 años liberó recursos y sólo la mitad del presupuesto -según datos de referentes del PE- va para sueldos. En las gestiones anteriores (Antonio Bussi o Julio Miranda) casi el 100% se consumía en la planilla salarial. Así les fue (reflexión oficialista, claro).