El verbo "controlar" dominó las respuestas del gobernador sobre los dos temas más quemantes de la coyuntura local.
Apareció explícitamente respecto de las escandalosas "ayudas" que la comuna de Colombres dispensa a algunos vecinos, que según las denuncias, deben firmar documentos en blanco. "Nuestro Gobierno es tan grande y se hacen tantas cosas que no podemos controlar todo", afirmó.
Respecto del asesinato de Iván Senneke, a quien unos mal nacidos le quitaron la vida después de quitarle una mochila, controlar se insinuó sutil pero evidente. "¿Cómo resolver esto si lo matan para sacarle la mochila?", preguntó a todos. Y a él mismo.
El sábado, LA GACETA expuso que el poder y la libertad son dos fenómenos sociales que se anulan entre sí. Que, en la historia, es el poder el que desborda y le quita espacios a la libertad. Y que en esa pelea sin tregua, el arma de la libertad es el control. Es decir, a más poder, más control. Porque cuando hay control en el Estado (control político, financiero, parlamentario, administrativo, judicial), las grandes medidas son tomadas con la concurrencia de distintas voluntades políticas y no por el decisionismo de uno solo. Entonces, gana espacio la libertad. Y con ella, la democracia y la república.
Justamente, lo sustancial de las declaraciones del jefe del Gobierno tucumano consiste en que es el propio discurso oficial el que expone de qué manera eso que se da en el orden institucional también ocurre en la vida real.
La falta de controles, blanquea José Alperovich con sus dichos, también les quita libertad a los tucumanos. A los habitantes de Garmendia, que según las denuncias no son libres de consignar un monto en el recibo de la "ayuda". A sus vecinos del pueblo, que por no prestarse a ser prisioneros de un casillero vacío, se quedan sin la asistencia que necesitan. Y a los otros tucumanos, como Iván, que no son libres, siquiera, de transitar: salir a la vereda les puede costar la vida.
La ecuación es lineal: si en Tucumán no hay controles, los tucumanos no serán más libres. Por el contrario, serán cada vez más rehenes del des-control.
Apareció explícitamente respecto de las escandalosas "ayudas" que la comuna de Colombres dispensa a algunos vecinos, que según las denuncias, deben firmar documentos en blanco. "Nuestro Gobierno es tan grande y se hacen tantas cosas que no podemos controlar todo", afirmó.
Respecto del asesinato de Iván Senneke, a quien unos mal nacidos le quitaron la vida después de quitarle una mochila, controlar se insinuó sutil pero evidente. "¿Cómo resolver esto si lo matan para sacarle la mochila?", preguntó a todos. Y a él mismo.
El sábado, LA GACETA expuso que el poder y la libertad son dos fenómenos sociales que se anulan entre sí. Que, en la historia, es el poder el que desborda y le quita espacios a la libertad. Y que en esa pelea sin tregua, el arma de la libertad es el control. Es decir, a más poder, más control. Porque cuando hay control en el Estado (control político, financiero, parlamentario, administrativo, judicial), las grandes medidas son tomadas con la concurrencia de distintas voluntades políticas y no por el decisionismo de uno solo. Entonces, gana espacio la libertad. Y con ella, la democracia y la república.
Justamente, lo sustancial de las declaraciones del jefe del Gobierno tucumano consiste en que es el propio discurso oficial el que expone de qué manera eso que se da en el orden institucional también ocurre en la vida real.
La falta de controles, blanquea José Alperovich con sus dichos, también les quita libertad a los tucumanos. A los habitantes de Garmendia, que según las denuncias no son libres de consignar un monto en el recibo de la "ayuda". A sus vecinos del pueblo, que por no prestarse a ser prisioneros de un casillero vacío, se quedan sin la asistencia que necesitan. Y a los otros tucumanos, como Iván, que no son libres, siquiera, de transitar: salir a la vereda les puede costar la vida.
La ecuación es lineal: si en Tucumán no hay controles, los tucumanos no serán más libres. Por el contrario, serán cada vez más rehenes del des-control.