Tras su dimisión como primer ministro, Silvio Berlusconi continúa presente en la política italiana como presidente del Pueblo de la Libertad (PdL), el partido aún en el Gobierno, como diputado común y como un hombre con un enorme poder mediático a sus 75 años.

Por ello y porque Berlusconi ha dirigido los Gobiernos más duraderos de Italia de la posguerra y ha impregnado la política italiana desde 1994 (fue primer ministro durante 3.336 días), es difícil que su salida de escena sea tan rápida. Una prueba es su mensaje en la noche del domingo, en el que anunció su intención de seguir trabajando en el Parlamento "con amor y pasión" por Italia y por el rescate de Europa con "fuerzas redobladas".

Aunque a muchos analistas no les sorprende declaraciones tan propias del zar mediático de Milán, la realidad es que en tiempos de crisis de deuda y gubernamental no se prevé su retirada completa política. Nadie en Roma espera otro rápido intento de aspirar a la jefatura de Gobierno, pero se aguardan estrategias y maniobras tras bambalinas para seguir marcando las bases futuras de la política local.

Los observadores afirman que Berlusconi quiere a su estrecho confidente, Gianni Letta, en el futuro gabinete de Mario Monti, integrado sólo por "expertos". Y Paolo Romani, su ministro de Desarrollo Económico, aseguró ayer que el nuevo Gobierno debe seguir las reformas acordadas por el ex premier con la Unión Europea, que prevén elecciones en marzo o abril de 2012.

El mismo Berlusconi había declarado que quería apoyar a Angelino Alfano, el líder formal de su partido, en una próxima campaña electoral para que dirigiera una futura gestión conservadora, aunque entonces lo hizo con la vista puesta en 2013. Roma parece dividida políticamente, días después de la caída del Cavaliere. "Seguirá siendo un líder político de primera fila, incluso aunque la situación política cambie ahora", opinó su ex compañero y posterior opositor, Gianfranco Fini, presidente de la Cámara de Diputados. "Personalmente no creo que tenga un gran futuro", opinó, en cambio, Pier Ferdinando Casini, líder democristiano.

Para saberlo habrá que esperar sus movimientos, pese a que hasta el diario liberal de Turín La Stampa cree que incluso su protagonismo mediático ha terminado.