DORSET, Reino Unido.- No es chiste, pero bien podría serlo. Un hombre decidió comprar un barco y bautizarlo “Titanic II”, sin embargo, el mismo día que lo estrenó se hundió, imitando a su hermano mayor de 1912.
Luego de salir a dar un paseo en el mar, Mark Wilkinson, su propietario, vio que cuando estaba a punto de atracar, un gran agujero se abrió en el casco de fibra de vidrio.
Aunque puso a funcionar las bombas de achique, y le dio tiempo a tocar muelle, su dueño ya estaba agarrándose desesperadamente a la parte emergida del barco que se hundía, siendo el primero y el último en abandonar la nave gracias a un flotador que le tiró el jefe del puerto local.
Toda la escena fue seguida por varios turistas que había por allí y que no se creían lo que veían. “Todo fue un poco vergonzoso y me irritó bastante que la gente me preguntara si me había chocado con un cubito de hielo”, dijo Wilkinson, que también sabe que “si no fuera por el jefe del puerto me habría ido abajo con el Titanic yo también”, informa el sitio lapatilla.com.
Ya sabe, si alguna vez compra un barco, trate de no ponerle de nombre Titanic. La maldición está intacta... (Especial)