Pasaron más de tres meses desde que las primeras entradas volaron. Es que las expectativas por ver a Roger Waters en River con su impresionante versión de "The Wall" eran enormes. En todos el país legiones de fanáticos se gastaron los dedos de tanto marcar los teléfonos del sistema de venta, o hicieron colapsar la bendita página de LivePass. O esperaron con paciencia durante horas en las boleterías habilitadas. Al cartelito de localidades agotadas le siguieron miles de insultos (en distintos idiomas), hasta que, al ver el filón, obvio, los buenos que manejan los intereses de Roger (él mismo, bah) decidieron ir aumentando fechas. Fueron dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho y NUEVE. Impresionante. Es evidente, los Floyd son argentinos. Y aunque en realidad el recital lo dará sólo uno de los originales, todo hace presagiar que seremos trasladados a finales de la década del 70, a los primeros años de los 80, cuando salieron el disco y la película. Esa enorme pared se irá levantando y destruyendo, mientras nosotros cantaremos eso de que "We don?t need no education". Todo bien, todos felices, y con semejante cantidad de recitales los fanáticos asegurábamos que dentro de unos años la noticia sería descubrir a aquel que no había estado en la cancha de River. Hasta que... en Twitter se leyó esto: "Tratando de realizar un sueño para Buenos Aires. Con Roger Waters". Y el que lo escribía era nada menos que Hernán Lombardi. El ministro de Cultura de Mauricio Macri pretende que Roger toque gratis. ¡Siiiiii! El mismo espectáculo por el que algunos pagaron casi $2.000 podrá verse gratuito. Parece que las gestiones están avanzadas (en realidad Waters ya debe haber hecho una pila de plata inimaginable con los argentinos), por lo que tendremos una buena noticia más para dar. ¿Será el turno del plan "The Wall" para todos?