BUENOS AIRES.- A poco menos de 20 días de la reelección de Cristina Kirchner, nadie imaginaba un país sumido en la angustia como el actual. Inflación, fuga de capitales, dolarización y un conjunto de decisiones erradas han colocado a la economía en una situación difícil.

A esta altura, resuena con más intensidad la máxima que recuerda que "las decisiones de hoy son las consecuencias de mañana". No cabe duda que la magnitud del triunfo del 23 de octubre obnubiló al oficialismo y lo llevó a tomar decisiones con consecuencias no deseadas. El haber lanzado el ajuste del modelo creyendo que la política podría controlar a la economía es otro de los tantos disparates a los que nos tiene acostumbrados la dirigencia política argentina.

La economía tiene su lógica y por más voluntarismo político que se quiera imponer, la economía responderá con su lógica. Pasó con el default y con el canje de la deuda. Pasó con la 125; la respuesta lógica fue una abrupta caída en la producción. Y también pasó con la confiscación de los ahorros previsionales de los trabajadores. Se puede seguir con otros casos aunque sería ocioso. Pasó el desborde del gasto público y la emisión monetaria para crear la ilusión del consumo. La respuesta lógica fue la inflación. Ahora cuando se quiere controlar el mercado cambiario porque los agentes económicos buscan un refugio frente a la inflación, la respuesta lógica es la formación de un mercado negro de casi 5 pesos por dólar. Por ahora. Y cuando se insiste en aumentar los controles, la gente busca poner a salvo sus ahorros por temor a nuevas medidas políticas.

El encuentro entre el ministro Boudou y la presidenta del BCRA, Mercedes Marco del Pont, con la banca extranjera, dejó más dudas que certezas. Los hombres del oficialismo pidieron "colaboración" a los bancos para que puedan neutralizar la corrida de depósitos. Ambos sugirieron que, dado que se trata de un problema de liquidez y no de solvencia como en 2001, los bancos podrían tomar préstamos en el exterior y con ello devolver los ahorros. El argumento oficial está apoyado en que las entidades cuentan con respaldo de préstamos de corto plazo que pueden responder por el endeudamiento. Sin embargo, los banqueros plantearon que esa operación sería muy costosa puesto que nadie daría préstamos para sofocar una corrida del sistema.

Como si el problema fuera de las entidades financieras, los funcionarios sugirieron que si había inconvenientes los recursos podrían otorgarlos las casas matrices de cada una de las entidades. Los directivos replicaron que sus casas matrices sólo capitalizarían sus filiales en caso de inconvenientes propios y no por problemas del sistema. Sin solución a la vista, varios banqueros se preguntan si la Presidenta designó a Ricardo Echegaray como nuevo ministro de Economía y presidente del BCRA. "Nadie sabe que van a hacer, pero el sistema no resiste semejante drenaje de divisas. Hoy se escuchó desde un corralito a un corralón verde. Pero sería agravar más las cosas y terminaría de liquidar al peso como moneda de ahorro. Sería como "pataconizar" los pesos. Lo mejor es levantar las restricciones para que el mercado vuelva a funcionar con un precio libre", sostenía un banquero. Lo cierto es que la Casa Rosada está acelerando el ajuste. Desde la baja de subsidios hasta las restricciones cambiarias, todo tiene un costo político y más aún económico de proporciones. Si se mantienen las restricciones cambiarias habrá, más tarde, restricciones al retiro de dólares de los bancos. Si se levantan las restricciones, habrá un sinceramiento del mercado cambiario y el dólar será fijado por la oferta y la demanda.