Quién quiera entender la economía de Tucumán, debe enfocar su atención en los siguientes asuntos:

1) La evolución de la economía de todo el país, de la cual las provincias son dependientes.

2) La evolución de los precios mundiales de sus principales productos de exportación (al exterior).

3) La evolución de los precios nacionales de aquellos bienes que la economía de la provincia vende al resto del país.

4) La eficacia y la prolijidad en la administración de los asuntos de la provincia, lo que significa que los dineros públicos se destinen a obras y a inversiones que contribuyan a mejorar el bienestar (caminos, hospitales, escuelas, universidades y en general infraestructura social).

Lo anterior es verdad para cualquier otra economía de provincias; sin embargo, en esta nota enfocaremos a la economía de Tucumán. Del mismo modo que la valorización de los commodities (los productos más o menos primarios que Argentina exporta) ha provocado un crecimiento vigoroso de la economía del país, a Tucumán le ha favorecido la mejora de los precios de sus tres productos más importantes: azúcar, citrus y soja. Explicando esos precios extraordinarios explicamos la mayor parte del crecimiento de la provincia (y del país).

Tucumán incrementó su participación en el PBI de la Nación desde alrededor de 2,2% en 1990 a cerca de 3% en 2010. Esto significa que, para cualquier tasa de crecimiento del PBI de Argentina, la tasa de crecimiento de Tucumán fue algo mayor que la del resto de las provincias tomadas como promedio. Significa también que tuvo que haberse producido un aumento del bienestar en Tucumán, que podría medirse a través de algunos indicadores adecuados de desarrollo humano.

Dado que en Tucumán (de acuerdo al Censo 2010) vive alrededor de un 3,5% de la población del país , podríamos decir que hacia 2010 Tucumán registraba alrededor de 85% del nivel promedio del país en materia de producto por habitante (o, en otros términos, que el bienestar promedio de la provincia es 85% del bienestar promedio del país) mientras que este nivel en el 1990 era de solamente 2/3 (66%). Se observará que estamos aquí equiparando PBI por habitante con bienestar (lo que no siempre es equivalente). La equiparación es correcta si la distribución del ingreso de Tucumán no es muy diferente de la distribución promedio del país. La evolución del PBI de Tucumán sigue una tendencia casi idéntica a la de todo el país. Sintetizando, cuando al país le "va bien" a la provincia le va bien y viceversa. Esta similitud en las trayectorias del PBI de cualquier provincia y del país ha sido una constante en todas las series estadísticas que hemos podido observar en los últimos 20 años.

Hay tres categorías de estadísticas en nuestro país. En el primer grupo figuran las estadísticas referidas a los niveles alcanzados por los PBI de las provincias y su evolución en el tiempo. En un momento dado un organismo federal, el CFI, comenzó a confeccionar unas estimaciones de estas variables macroeconómicas de provincias pero con información de muy mala calidad (segundo grupo) y que no cumplían con el principio básico de consistencia de que la suma de los PBI de las provincias debía igualar al total nacional. La confección de estos números se transformó en un trabajo artesanal encarado por algunas provincias pero sin continuidad en el tiempo y si una metodología armonizada en todo el país. Por último, la falsificación de los datos estadísticos comenzó con la intervención al Indec en 2006 y con la baja de sus cuadros profesionales independientes, que fueron reemplazados por personal obediente a las directivas de un oscuro funcionario a cargo de la tarea. La falsificación de estos datos tiene como centro la confección del índice de precios al consumidor. Sin embargo, debido a que esta variable -el nivel general de precios- es el denominador común de todas las series reales (es decir limpias de inflación), la falsificación ha afectado al entero campo de las estadísticas argentinas. Los economistas que se dedican a medir o a estimar las variables de la economía han sufrido un golpe terrible debido a esta manipulación y esto es así porque si bien existen estimaciones acerca de la verdadera cuantía de la inflación, no se posee una cifra certera y creíble, como la que generaba el Indec antes de la intervención.

Debido a los dos primeros problemas mencionados (ya que el último no tiene una solución a la vista) hace una década hemos diseñado en nuestro grupo de investigación un método sencillo para estimar las participaciones de las provincias en el agregado nacional, lo que ponderado por el dato nacional nos provee de una medida consistente de PBI de cada provincia al total nacional. Estos datos así estimados han sido utilizado por muchos investigadores de la provincia y aún del exterior, demostrando consistencia con otras variables vinculadas a ellos, como las variables sociodemográficas, por ejemplo.