Hace más de 30 años que Pedro Almodóvar es una factoría de (mayormente) muy buenas películas. Y al contrario de infinidad de colegas, el manchego mantiene ese toque capaz de generar interés cada vez que presenta un filme. El indomable espíritu provocador de Almodóvar se mantiene latente en "La piel que habito", thriller basado en una novela de Thierry Jonquet que significó, además, el reencuentro del director con Antonio Banderas.

Almodóvar sigue los pasos del brillante cirujano plástico Robert Ledgard. Marcado por la muerte de su esposa -en un accidente- Ledgard/Banderas deja a un lado todos los pruritos morales en su afán de crear la piel perfecta. Una epidermis sensible al tacto, básicamente a las caricias, pero inmune a toda clase de violencia. Para conseguirlo se aprovecha de Vera (Elena Anaya), a quien somete a sus terapias mientras la mantiene cautiva en su casa.

"Lo que quiere hacer Ledgard va más allá de la sed de venganza, es un hombre que pretende jugar a Dios", destacó Banderas. Fue su quinta colaboración con Almodóvar, aunque no filmaban juntos desde 1988 ("Mujeres al borde de un ataque de nervios"). Antes habían rodado "Laberinto de pasiones", "Matador", "Átame!" y "La ley del deseo".

Originalmente, el papel de Vera estaba destinado a Penélope Cruz. Problemas de agenda le impidieron a la mujer de Javier Bardem formar parte de esta historia de suspenso, por momentos angustiante. "La definiría como un intenso drama que a veces se inclina por el noir, a veces por la ciencia ficción y otras por el terror", apuntó Almodóvar. De una u otra manera, es una propuesta atrapante.