La chance de jugar en Boca Juniors lo tenía ansioso. Durante varias tardes desplegaba en el CEF 18 la habilidad en el fútbol que había heredado de su padre. Estaba ilusionado con la oportunidad que podría tener en diciembre de probarse en uno de los grandes del fútbol argentino. Pero dos delincuentes se cruzaron en su camino y ahora, en la cama del hospital, juega su partido más importante. Con tan sólo ocho años, Maximiliano Maldonado lucha por ganarle esta pulseada a la muerte.

Maxi entrenó el domingo. Su padre, Miguel Maldonado, fue el goleador de Unión Aconquija en el último torneo del ascenso tucumano. El pequeño quería seguir los pasos de su padre, que además trabajaba como taxista para mantener a su familia. Luego del entrenamiento, Miguel y su esposa Alejandra llevaron a sus tres hijos hasta el cumpleaños de un primito. Pasadas las 21.30 subieron al auto para volver a casa.

Estaban a dos cuadras de la vivienda, cuando Miguel vio un movimiento extraño al costado del camino y puso la luz alta. "Habrá sido eso lo que alteró a estas lacras", dijo Mario Maldonado, hermano del taxista, en referencia a los dos hombres que estaban asaltando a Leonardo Bazán y Yessica Ramírez.

Los delincuentes arrancaron la moto, siguieron unos metros al Fiat Uno de Miguel, y dispararon contra el vehículo. Una de las balas rompió la ventanilla, atravesó a Maxi por el estómago y terminó en el hombro del taxista. Los heridos fueron trasladados en un auto particular al hospital Ramón Carrillo, de Yerba Buena.

Minutos más tarde llegó una ambulancia que trasladaba a uno de los delincuentes, que había resultado herido al caerse de la moto cuando intentaban escapar de la Policía. Los familiares y allegados de los Maldonado se abalanzaron contra la ambulancia, que tuvo que partir hacia el hospital Padilla, ante la imposibilidad de que el ladrón sea atendido sin ser agredido.

Maxi fue derivado al hospital de Niños. Durante todo ese trayecto estuvo consciente, y sólo preguntaba cómo estaban sus hermanos y su padre. Luego se descompensó. Había perdido mucha sangre y tuvieron que operarlo dos veces por las heridas que la bala le había producido en el intestino.

Las próximas 48 horas serán definitorias para la recuperación de Maxi. En la entrada del hospital, una veintena de familiares rezan por el pequeño y piden justicia. En la puerta de la sala donde está internado Maxi, sus padres Miguel y Alejandra aguardan que todo lo que soñaron para su hijo no sea esfumado por la crueldad de una bala.