Las buenas empresas, como los grandes clubes, tienen ciertos objetivos claros para con sus empleados: quieren reconocer y retener el talento. En la vida, hay carreras por ganar; la del trabajo, de la profesión y de la familia. La vida es eso, un deporte que requiere buena preparación física y psíquica, señala a LA GACETA Graciela Chamut, coach ontológica que, junto con el director de AGON Argentina, Gerardo Blanche, llevan a la práctica estrategias empresariales deportivas.
Las empresas tratan de hacer suyas las habilidades y actitudes del deporte. Pero a veces se olvidan de hacer lo necesario para desarrollar la lealtad hacia el equipo. Alcanzar el éxito siempre, no es un objetivo deseable, del fracaso también se aprende, indica Chamut.
¿Qué nos enseña el buen deporte? Según la experta, hay tres niveles de valores que aprendemos, a lo largo de la vida:
Como individuos, el deporte nos enseña autocontrol, estimula y potencia habilidades y capacidades en los empleados. Permite tomar decisiones rápidas y buenas y ser más independientes y responsables al decidirnos. Nos enseña el optimismo sensato. Nos lleva a mejorar aquellas cosas que debo mejorar, como la concentración y el rendimiento personal. Desarrolla valores, y nos permite tener más fuerza de voluntad, disciplina, dominio de uno mismo, perseverancia, resistencia y afán de superación.
Como grupo, la práctica del deporte nos lleva a ser más unidos y solidarios, a tener amigos, a disfrutar de la actividad, a valorar el esfuerzo de los otros. A amar el deporte y respetar al adversario. Mejora las relaciones interpersonales, enseña a trabajar en equipo, logra buen grado de pertenencia y cohesión en el grupo humano y mejora la toma de decisiones grupales. Enseña técnicas de motivación; nos permite educar y educarnos. Desarrolla la inteligencia emocional, sabiendo que hay otro, cerca de mí, distinto, a veces un poco mejor, a veces un poco menor, pero siempre importante y respetable.
Desde lo laboral, la práctica del buen deporte nos acostumbra a respetar las reglas, y a los encargados de hacerlas cumplir, a ser honestos con los resultados, a preguntarnos cómo ayudar al otro. A dejar de ser parte del problema y comenzar a ser parte de la solución. Nos hace trabajar con orientación a metas, apostar al largo plazo, cuidar a nuestros empleados, saber motivar, ser capaces de cambiar, valorar los logros. Ayuda a mejorar la comunicación, el clima organizacional, el liderazgo y la empatía.
"En la empresa necesitamos mejorar la comunicación entre los empleados, fomentar el rendimiento personal, la coordinación de equipos, y ser un deportista/empleado de alto rendimiento. Cada vez tiene mayor importancia la práctica in-company del coaching organizacional, que nos permite construir nuestra vida con mayor calidad", dice Chamut.
Las empresas tratan de hacer suyas las habilidades y actitudes del deporte. Pero a veces se olvidan de hacer lo necesario para desarrollar la lealtad hacia el equipo. Alcanzar el éxito siempre, no es un objetivo deseable, del fracaso también se aprende, indica Chamut.
¿Qué nos enseña el buen deporte? Según la experta, hay tres niveles de valores que aprendemos, a lo largo de la vida:
Como individuos, el deporte nos enseña autocontrol, estimula y potencia habilidades y capacidades en los empleados. Permite tomar decisiones rápidas y buenas y ser más independientes y responsables al decidirnos. Nos enseña el optimismo sensato. Nos lleva a mejorar aquellas cosas que debo mejorar, como la concentración y el rendimiento personal. Desarrolla valores, y nos permite tener más fuerza de voluntad, disciplina, dominio de uno mismo, perseverancia, resistencia y afán de superación.
Como grupo, la práctica del deporte nos lleva a ser más unidos y solidarios, a tener amigos, a disfrutar de la actividad, a valorar el esfuerzo de los otros. A amar el deporte y respetar al adversario. Mejora las relaciones interpersonales, enseña a trabajar en equipo, logra buen grado de pertenencia y cohesión en el grupo humano y mejora la toma de decisiones grupales. Enseña técnicas de motivación; nos permite educar y educarnos. Desarrolla la inteligencia emocional, sabiendo que hay otro, cerca de mí, distinto, a veces un poco mejor, a veces un poco menor, pero siempre importante y respetable.
Desde lo laboral, la práctica del buen deporte nos acostumbra a respetar las reglas, y a los encargados de hacerlas cumplir, a ser honestos con los resultados, a preguntarnos cómo ayudar al otro. A dejar de ser parte del problema y comenzar a ser parte de la solución. Nos hace trabajar con orientación a metas, apostar al largo plazo, cuidar a nuestros empleados, saber motivar, ser capaces de cambiar, valorar los logros. Ayuda a mejorar la comunicación, el clima organizacional, el liderazgo y la empatía.
"En la empresa necesitamos mejorar la comunicación entre los empleados, fomentar el rendimiento personal, la coordinación de equipos, y ser un deportista/empleado de alto rendimiento. Cada vez tiene mayor importancia la práctica in-company del coaching organizacional, que nos permite construir nuestra vida con mayor calidad", dice Chamut.