Hacía muchos años que el Gobierno de José Alperovich no afrontaba una semana tan convulsa.
Su amigo, su funcionario de cabecera, su abogado le pegó un portazo. Inesperado y sorpresivo.
De nuevo, su invento, el Ente de Infraestructura Comunitaria de la provincia, queda al descubierto del mal manejo de la cosa pública y de lo que es peor: la utilización en beneficio personal de empleados estatales. Previsible aunque riesgoso.
Su amigo personal y de su secretarísimo privadísimo, se enojó y decidió irse del radicalismo; y el gobernador, siempre dispuesto a satisfacer las necesidades de los demás, encontró el lugar para darle contención. Reiterativo, sorpresivo y abusivo.
Cada vez que Alperovich pasa sofocones por las sorpresas o el desgaste que implica la gestión se va a otro país a pensar. Cuando regresa, con nuevos bríos, modifica algo de su Gobierno.
Alperovich ya no sorprende, cíclicamente lo que pasó esta semana le pasó muchas veces a lo largo los últimos ocho años. No hay correcciones de rumbo, obcecadamente, pareciera que el titular del Poder Ejecutivo no se incomoda de tropezar más de dos veces con la misma piedra.
El herrero y el despedido
Hace más de un año un lector de LA GACETA hizo llegar un video en el que se veía claramente cómo una grupo de obreros bajaba material de construcción en la casa de un funcionario del Ente de Infraestructura. El vehículo utilizado aquel sábado era de un organismo público. Esa cuestión le costó el cargo de vicepresidente del Ente a Ramiro Véliz. Fue castigado porque le agarraron con "las manos en la masa". Pero nadie se horrorizó ni hubo una crisis en el gabinete provincial. Ni siquiera el titular del Ente fue reprendido por este personalísimo uso que realizó de cuestiones del Estado.
Curiosamente, la ex tenista y ex secretaria de Turismo Mercedes Paz tuvo un episodio idéntico cuando otro lector sacó fotos de una camioneta del Ente de Turismo que trasladaba mercadería que luego se bajó en un comercio de la funcionaria. Aquella vez Alperovich puso el grito en el cielo y mandó a los vestuarios a la deportista. El camión en la casa de Véliz era la segunda vez que le pasaba y nadie se espantó en el gabinete provincial. Pareciera que ambas experiencias forman parte de la cotidianidad porque esta semana ni siquiera le llamó la atención al Ejecutivo.
El herrero fue durísimo en sus declaraciones en LA GACETA: confirmó que se utilizan empleados públicos para realizar tareas personales y dio dos nombres más, ambos vinculados al propio ex presidente del Ente, Rolando Alfaro. El hombre de los hierros señaló que fueron obligados a cumplir tareas en los domicilios de la legisladora Sara Noemí Correa y para el concejal Luis Marcuzzi, esposa y primo de Alfaro. Lentamente, el abuso de poder y la utilización de la cosa pública como propia se ha ido haciendo costumbre. No es algo nuevo, pero a mayor poder y a mayor continuidad en el poder, menor inhibición y preocupación por estas irregularidades que deberían ser investigadas por la Justicia.
Una de las razones por las que suelen subestimarse este tipo de denuncias es porque esconden alguna intencionalidad política. Desde el vamos uno de los denunciantes, Roberto López, ha sido empleado del Ente y no es la primera vez que le apunta entre ceja y ceja a Alfaro. No obstante, la intencionalidad de la denuncia no diluye la gravedad del hecho. Los empleados que tuvieron el coraje de decir lo que estaba ocurriendo no lo hicieron oportunamente, cuando les encomendaron las tareas particulares. Esa es el la otra cara de esta moneda falsa con la que se opera en las instituciones tucsonianas. Mientras conviene todos aprovechan el atajo que les deja el camino de la seriedad.
El pasado y el presente
Francisco Sassi Colombres fue fiscal de Estado e interventor de la Caja Popular de Ahorros de Tucumán. Nadie dijo nada. En ambos casos fue elegido por el gobernador Alperovich y por nadie más. Ni una queja. Cuando la Legislatura le dio cargo de vocal de Corte se armó un revuelo porque Sassi Colombres había sido funcionario durante el Gobierno del ex gobernador de facto Antonio Luis Merlo. Esta semana a sólo 48 horas de haber jurado renunció al cargo de fiscal. Este funcionario, más "casi" que Sassi, no podía ignorar el día que juró que estaba a tiro de la protesta y del reclamo de organismos de Derechos Humanos. Ya no está Néstor Kirchner para llamar a Alperovich y obligarlo a hacer cambiar de decisión, pero dejó la impronta. Alperovich tampoco debió haberse sorprendido por lo que pasó. Los más cercanos al ya ex fiscal responsabilizaron al gobernador de no cuidar a su amigo, pero está claro que en ambos casos los amigos parecen vivir fuera de la realidad, la compartan o no. De nuevo la falta de una posición crítica sobre cada acto de Gobierno hace que las decisiones que se toman parezcan sólo depender del capricho personal del mandatario y no se asuman en función de un sistema general que rige en la sociedad. En Casa de Gobierno, que es donde suele leerse hasta lo que no está escrito, le echan la culpa a algunos jerárquicos de la Caja Popular. Los responsabilizan de haber llamado a la Casa Rosada para avisar que Sassi no quería ser "Casi". Alperovich no podía salir de la sorpresa el primer lunes de su tercera gestión, pero antes de quedarse en "tilt", hizo reaccionar su "maquinita" y a las pocas horas ya tuvo el reemplazante de Sassi Colombres (Jorge Posse) para hacer borrón y cuenta nueva y pasar al olvido esta cuenta del debe político.
La noticia de la renuncia del ex fiscal de Estado cayó muy mal en la Corte. Unos porque temen por su propio pellejo, otros porque consideran que la decisión de reemplazar a Sassi con Jorge Posse es una afrenta innecesaria e inédita a la alicaída división de poderes vigente en Tucumán, que ahora tendrá un hermano Posse en el alto tribunal y en la presidencia del Consejo Asesor de la Magistratura, y otro en la Fiscalía de Estado.
El preso y gran hermano
La Universidad Nacional de Tucumán no sólo es un polo académico y de cultura sino también un motor político que ha empezado a jugar fuerte financiera y electoralmente. El equipo de Juan Cerisola no sólo ha puesto nocaut al viejo equipo que supo conducir el radical Hugo Saab, sino que además ha sentado en una poltrona del Congreso al archienemigo de este ex concejal y ex funcionario de la UNT. La elección de Luis Sacca como diputado nacional además causó un revuelo en la Unión Cívica Radical donde él se ha sentado en la casilla del medio que le acercó gentilmente el senador José Cano. Ellos son hoy el radicalismo, pero también la Universidad que no le enseña al -sino que aprende del- alperovichismo. El desembarco de Hugo Saab en el "sijosesismo" estaba previsto para el Ministerio de Desarrollo Social y terminó en un reducto denominado Relaciones Institucionales de la Municipalidad de Yerba Buena. El cambio de camiseta no sólo desnuda la desnutrición política del radicalismo, sino también la flaqueza institucional de estos tiempos. Alperovich no tuvo empacho de meterse en el despacho del intendente Toledo que sólo dijo "sí, amo", e hizo lo que le ordenaron. Toledo quedó como un preso político al que además le pusieron un "Gran Hermano" que filmará todo en Yerba Buena, pero editará el contenido en el palacio de frente a la plaza Independencia. Ese es el juego que más le gusta a Alperovich.
Unas parecen contradicciones. Otras transmiten la sensación de equivocaciones. Hay casos que podrían implicar olvidos. Pero todo es parte de lo mismo. Un Gobierno que Alperovich se preocupó de personalizar al máximo, donde todo depende de él y es manejado por su puño. Es el sistema que él quería y que el 70% de los tucumanos avaló. Libera de compromisos a muchos ciudadanos y a un importante número de instituciones intermedias. Pero, al mismo tiempo que concentra al máximo el poder, se deteriora el control, se debilitan algunas libertades y se vuelve endeble el juego democrático.