La crisis europea concentró todas las miradas de la semana y hasta la Reserva Federal rebajó la previsión de crecimiento a los EEUU e incluso dispuso comprar más deuda hipotecaria para reactivar la economía. Los rescates en trámite hacia España e Italia también estuvieron en riesgo si Grecia quebraba. Los acreedores europeos han hecho un esfuerzo para conceder una quita de hasta el 50% de la deuda soberana griega, por debajo del gran recorte que hizo oportunamente la Argentina. Si Grecia decidía salir de la UE, las consecuencias eran apocalípticas. El mensaje de los acreedores a los helénicos fue: reordenan su economía o se bloquean los 8.000 millones de euros que iban a recibir de los contribuyentes de otras naciones y que necesitan como agua para ayer. Grecia terminará el año con una deuda del 180% del PBI, lo que ya los deja aislados de cualquier circuito financiero, o inversión viable. No es un tema menor.

Lo que en la última semana de octubre pareció una cumbre más de los europeos que afianzaba los fundamentos de la gobernanza económica, se descompuso velozmente. La volatilidad se instaló con toda su fuerza y así los mercados se tornaron de nuevo inestables.

El Banco Central Europeo bajó las tasas y las materias primas resisten mejor. Son los bienes tangibles versus tanto papel con poca solvencia, menor liquidez, mucha dificultad para honrarlos y poco ánimo de los endeudados para sufrir ajustes.