De día el ritmo del Abasto es ajetreado. En uno de los puestos de verduras sobre calle Las Piedras, Ricardo González llena una bolsa tras otra: frutillas, papas y zanahorias. Ese día están muy lindos los tomates, entonces los recomienda. Consciente o no, aprovecha para vender porque sabe que algún día no podrá seguir haciéndolo, por lo menos no en ese lugar. Los conductores frenan en doble fila y, rápidamente, hacen una redada de frutas y verduras antes de seguir viaje. "La actividad se frena a la siesta", aclara González.

Una imagen similar se replica en los portones de los comercios mayoristas. En esas pocas cuadras se consigue de todo: alimentos, productos de limpieza, herramientas, plásticos y descartables, huevos y productos de panadería.

Mientras tanto, en el interior del complejo del ex Mercado de Abasto la actividad no para. La parte de adelante (donde estaban los puestos) ya está terminada y, detrás, poco a poco las estructuras del hotel están siendo revestidas por paredes vidriadas.

Da la impresión de que se trata de un reloj de arena. Cuando la obra termine la fisonomía del barrio cambiará drásticamente. Y para eso cada vez falta menos: una fecha probable es fines de 2012.

Cuando esto suceda los puestos de verduras deberán trasladarse y el precio de las propiedades se revalorizará. Esto seguramente renovará la oferta comercial que hay en los alrededores. Por el momento, los negocios mayoristas, las verdulerías y los depósitos dominan el área en esta porción de La Ciudadela.

Polo cultural

"Una actividad de esta magnitud siempre produce cambios en los alrededores, pero más por una cuestión de oferta y demanda que por una decisión municipal", explicó Isabel Salas, directora de Planificación Urbanística Ambiental.

Sin embargo, en el municipio confían en que la inauguración del complejo significará una renovación para la zona. No sólo en cuanto a los nuevos rubros que se asentarán en torno a un hotel cinco estrellas, sino a las actividades culturales y a la revalorización de las viviendas.

Según Salas, esperan integrar al instituto Lillo a la oferta turística. "Ofrece un magnífico museo natural que tiene poca difusión", destacó.

El plan estratégico para 2016 prevé que la zona vire y se convierta en polo cultural. "Se prevé la conservación de algunas fachadas que, en conjunto con el mercado, formarán una unidad", explicó la funcionaria.