Es joven. Es tucumana. Es la mujer de la que todo el mundo habla por estos días en Tucumán. Ella es la persona que está enamorada de Pablo Amín. Es la mujer que sería capaz de cualquier cosa con tal de ayudarlo -dice-, porque él necesita una segunda oportunidad. Ella es la que ayer aceptó hablar con LA GACETA vía telefónica, con la condición de que se mantenga en reserva su identidad.

¿Es posible que una mujer quiera tener vínculos con Amín?, se preguntan, desde hace varios días, muchos tucumanos. La mayoría no puede creer que una mujer quiera ser amiga o tener una relación de pareja con un hombre que asesinó a su esposa, le arrancó los ojos, la golpeó y la arrastró por las escaleras de un hotel. Sin embargo, la realidad entrega una respuesta contundente: sí hay una mujer y dice que quiere ayudarlo y compartir sus sentimientos.

Ella es la que tomó la iniciativa y se acercó a él. La primera vez fue en noviembre de 2007, cuando Amín estaba sedado en el hospital Obarrio. En aquel tiempo, comenzó a visitarlo. Con el correr de los días, el interno empezó a reaccionar, aunque seguía atado a una cama. Sin embargo, ella seguía yendo todos los días.

"Lo conocí en el Obarrio -explica-, porque yo iba a leerle la Biblia para darle ayuda espiritual. Después lo trasladaron a Villa Urquiza, donde estaba incomunicado. En ese tiempo, él estaba muy mal, se quería matar. Entonces volví a verlo. Hablaba incoherencias, decía que estaba arrepentido de lo que había hecho y repetía que escuchaba voces. Después se calmó un tiempo con la medicación que le daban. También ayudé a la madre en la contención. Cada vez que ella viene a Tucumán -admite-, siempre nos vemos".

La joven recuerda que en febrero de 2009, Amín vivió la peor etapa del encierro. En aquel momento le prohibieron las visitas. "Había caído en un pozo depresivo tremendo. Me llamó dos veces por teléfono y parecía otra persona. Le tenía miedo porque hablaba incoherencias y cosas sin sentido -recuerda-. Después pasó mucho tiempo hasta que este año, volví a verlo para ayudarlo a levantarse, y porque él me quería ver".

Recuerdos del padre

Los abogados Roberto Flores y Martín Zottoli efectuaron los trámites y lograron autorización para que la joven pueda entrar al pabellón de máxima seguridad en carácter de "allegada", según lo indica el carnet oficial habilitante.

"Pablo es muy sensible. Cuando estoy con él me pide que le acaricie la cabeza, porque así lo hacía su papá -afirma-. Pero no puede haber contacto físico durante las visitas. También quería tocar el violín y el doctor Corrado (en referencia al psiquiatra Ítalo Corrado), logró la autorización correspondiente -detalla la mujer-. Eso le hace bien. Dejó de fumar y también hace gimnasia dentro de la celda. Lo quiero mucho y me gustaría tener un futuro con Pablo..."

La discriminación

Ella trabaja en horario comercial y en su tiempo libre hace deportes. En su entorno, hay unos cuantos familiares y amigos que saben de sus sentimientos, y de solidaridad con Amín. "Me discriminan mucho, me dicen que estoy loca y en la calle, algunos, me insultan porque voy a visitar a Pablo -reconoce ella-. Pero el amor es más fuerte y yo lo amo. Una vez él me dijo: 'sos el combustible de todos mis días'. No busco fama; a él le dije: 'voy a luchar por vos, porque tenés derecho a una nueva oportunidad'.

Al principio, Graciela Rodríguez, madre de Pablo, era distante con ella. Pero, ahora, hablan por teléfono. La madre tiene previsto llegar, el sábado, a Tucumán para ver a su hijo.

La joven está al tanto de la polémica que genera Amín entre los tucumanos. Dice que leyó el diario toda la semana y que siguió cada uno de los comentarios que hicieron los lectores en LAGACETA.com. "La sociedad discrimina mucho -advierte-, creo que Pablo tiene derecho a reinsertarse en la sociedad. Hace mucho tiempo le dije: 'vos tenés que creer en Dios y tenés que estar arrepentido'. Así comenzó a leer la Biblia. Ahora -dice ella-, Pablo se sabe de memoria el Salmo 91 (referido a la protección de Dios) y Corintios 1.13 (advierte que no hay nada más perfecto que el amor)".

La charla telefónica con la mujer duró exactamente 12 minutos con 17 segundos. En varios pasajes, ella dijo que desconfía de hablar por teléfono, porque tiene la sospecha de que está pinchado.

Más tarde, a través del e-mail y de mensajes de texto, la mujer dijo que le preocupa la salud de Amín. "La madre, su familia y las personas que me quieren, saben de mi vida, de mi trabajo -dice-. Ahora lo que me preocupa es la salud de él y me molesta que digan que es un ogro. Me duele porque no es así. Pablo está enfermo y quiero ayudarlo. Por eso fue que me acerqué a él y por eso quiero seguir a su lado".

Ella habla con la convicción de quien sabe lo que quiere y apuesta a futuro. ¿Qué pasará?... nadie lo sabe.