La sucesión de desventuras sufridas por el motociclista Hugo Cisterna en Villa Angelina en la medianoche del viernes 21 parece escapada de una película expresionista. Conducía su moto ebrio; en una oscura esquina se detuvo para orinar; lo atacaron tres jóvenes que le dieron un martillazo en la cabeza y se llevaron la moto, dejándolo inconsciente. Cuando se despertó, fue a la seccional 9ª de policía (a dos cuadras del lugar del ataque), donde (según su denuncia), en vez de escucharlo, lo encerraron en un calabozo y lo golpearon. Allí se volvió a desmayar. Entonces lo llevaron y lo arrojaron en avenida Democracia y las vías. Al volver en sí de nuevo, caminó hasta su casa en el barrio Alejandro Heredia. Su mujer no tenía dinero como para llamar un taxi y salió en bicicleta a buscar ayuda. Al fin fue trasladado en una camioneta al hospital, donde descubrieron que tenía hundido el cráneo a causa del martillazo. Debieron operarlo, sacarle el hueso astillado y le pondrán una placa de platino. Su recuperación tardará un año.
El jefe de la comisaría 9ª, Luis Coronel, niega que el motociclista haya estado en la seccional. Afirma que se enteraron del hecho al día siguiente. ¿Hugo Cisterna estuvo soñando y fue todo una pesadilla, de la cual una parte es real (fue salvajemente golpeado) y el resto es alucinación? Eso es tema de investigación.
Por un lado, se corrobora el hecho de que la seguridad y la inseguridad se reparten las zonas. El programa de cámaras cubre los sectores más poblados y más llenos de servicios -el centro, Yerba Buena- y la inseguridad reina en la periferia. Pasar por allí a horas inapropiadas y detenerse por cualquier motivo es entrar a la tierra de nadie, de la que no se sabe si se saldrá. A la periferia no llegó aún el "futuro venturoso" del que habló hace un año el ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, al anunciar el Programa Integral de Protección Ciudadana.
No es nuevo que los alrededores son peligrosos. Quienes viven allí lo saben y lo padecen. Sin embargo, lo que más inquieta de lo ocurrido a Hugo Cisterna es el incidente en la comisaría, lugar al que los ciudadanos van en busca de protección. ¿Fue golpeado realmente y luego fue sacado de la dependencia y abandonado en la calle? Si es así, se trata de un hecho no registrado, semejante a los de esa otra tierra de nadie -la época de la dictadura- en la que el poder actuaba en las sombras, sin dejar constancia de sus actos. La sola denuncia de Cisterna debería haber movido un sumario administrativo del jefe de Policía, otro del secretario de Derechos Humanos y una investigación del fiscal de turno.
No es la primera vez que se hacen estas denuncias. Ya a propósito del homicidio de Elda Hovannes hubo un reclamo de abuso policial contra personas que parecían sospechosas. No se investigó. Es que el control a desmanes policiales no figura en la agenda. Por eso, a pesar de que en 2005 el juez Alfonso Zottoli advirtió sobre la arbitrariedad de la Ley de Contravenciones, y a que hace un año la Corte Suprema la declaró inconstitucional, todo sigue igual. El poder político mira para otro lado, nadie protesta. Es que, por lo general, las víctimas del proceder arbitrario son como Cisterna: como estaba bebido, ya era candidato a detención por contravención, y además no parece tener dinero ni influencia, ni aparece en redes sociales. "No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo / no tendrás poder / ni abogados, ni testigos...", diría Charly.
En la ceremonia del sábado, el gobernador dedicó apenas media página de su discurso a la seguridad: destacó que se hizo "una gran inversión". Acaso vendría bien disponer algo de esa inversión para montar cámaras de vigilancia en las comisarías. Para saber qué pasa. Para tomar conciencia. Porque víctimas de la arbitrariedad no son solamente los pobres o los que no pueden defenderse. A la larga, es toda la sociedad.
El jefe de la comisaría 9ª, Luis Coronel, niega que el motociclista haya estado en la seccional. Afirma que se enteraron del hecho al día siguiente. ¿Hugo Cisterna estuvo soñando y fue todo una pesadilla, de la cual una parte es real (fue salvajemente golpeado) y el resto es alucinación? Eso es tema de investigación.
Por un lado, se corrobora el hecho de que la seguridad y la inseguridad se reparten las zonas. El programa de cámaras cubre los sectores más poblados y más llenos de servicios -el centro, Yerba Buena- y la inseguridad reina en la periferia. Pasar por allí a horas inapropiadas y detenerse por cualquier motivo es entrar a la tierra de nadie, de la que no se sabe si se saldrá. A la periferia no llegó aún el "futuro venturoso" del que habló hace un año el ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, al anunciar el Programa Integral de Protección Ciudadana.
No es nuevo que los alrededores son peligrosos. Quienes viven allí lo saben y lo padecen. Sin embargo, lo que más inquieta de lo ocurrido a Hugo Cisterna es el incidente en la comisaría, lugar al que los ciudadanos van en busca de protección. ¿Fue golpeado realmente y luego fue sacado de la dependencia y abandonado en la calle? Si es así, se trata de un hecho no registrado, semejante a los de esa otra tierra de nadie -la época de la dictadura- en la que el poder actuaba en las sombras, sin dejar constancia de sus actos. La sola denuncia de Cisterna debería haber movido un sumario administrativo del jefe de Policía, otro del secretario de Derechos Humanos y una investigación del fiscal de turno.
No es la primera vez que se hacen estas denuncias. Ya a propósito del homicidio de Elda Hovannes hubo un reclamo de abuso policial contra personas que parecían sospechosas. No se investigó. Es que el control a desmanes policiales no figura en la agenda. Por eso, a pesar de que en 2005 el juez Alfonso Zottoli advirtió sobre la arbitrariedad de la Ley de Contravenciones, y a que hace un año la Corte Suprema la declaró inconstitucional, todo sigue igual. El poder político mira para otro lado, nadie protesta. Es que, por lo general, las víctimas del proceder arbitrario son como Cisterna: como estaba bebido, ya era candidato a detención por contravención, y además no parece tener dinero ni influencia, ni aparece en redes sociales. "No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo / no tendrás poder / ni abogados, ni testigos...", diría Charly.
En la ceremonia del sábado, el gobernador dedicó apenas media página de su discurso a la seguridad: destacó que se hizo "una gran inversión". Acaso vendría bien disponer algo de esa inversión para montar cámaras de vigilancia en las comisarías. Para saber qué pasa. Para tomar conciencia. Porque víctimas de la arbitrariedad no son solamente los pobres o los que no pueden defenderse. A la larga, es toda la sociedad.