BRASILIA.- Los 66 años de Luiz Inácio Lula da Silva nunca fueron sencillos. Nació en el nordeste de Brasil, en la pobreza extrema, y llegó a ser un referente mundial ineludible; pero ha dado una lucha tras otra, y ahora el cáncer de laringe que le diagnosticaron lo encuentra en el pináculo de su trayectoria política.

El hombre que cuando tenía siete años salió de Garanhuns, su ciudad natal, a perseguir con su madre y sus siete hermanos el "sueño de una vida mejor" en San Pablo, conoce de cerca los desafíos. Sobre el final de su segunda Presidencia, le preguntaron cuál era su sueño de niño y respondió con sinceridad abrumadora: "comer a la noche".

En la capital industrial del país lustró botas, vendió tapioca en la calle y se convirtió en obrero. Llegó a ser tornero calificado, trabajo donde perdió su dedo meñique, amputado por una máquina en una fábrica metalúrgica. En 1967 se casó, pero su esposa y su hijo murieron en el parto.

Soportó la prisión en plena dictadura militar, cuando en 1980 encabezó la histórica "huelga de los 41 días". Ese mismo año fundó el Partido de los Trabajadores (PT), primera expresión política nacida de las bases populares e integrado mayoritariamente por sindicalistas.

Fue diputado y un tozudo candidato a Presidente: fracasó en 1989, cuando perdió contra el conservador Fernando Collor de Melo; en 1994 y 1998, en ambas elecciones contra Fernando Henrique Cardoso, del Partido de la Social Democracia de Brasil (PSDB). Y finalmente, el 27 de octubre de 2002, derrotó a José Serra, del PSDB, y se convirtió en el primer mandatario de origen obrero del continente.

Tras un comienzo complejo, el apoyo incondicional de la mayoría de los más de 45 millones de brasileños pobres que había en el país lo llevaron a alcanzar, en 2006, un nuevo e histórico triunfo electoral. Durante su gestión, Brasil creció a tasas promedio del 8% anual y, si bien la pobreza sigue siendo un problema central, millones de ciudadanos salieron del último peldaño de la escala social. Lula se negó a impulsar una reforma constitucional que le permitiera quedarse al menos por un período más en el Gobierno y bendijo a Dilma Rousseff para que lo suceda.

La nueva batalla del líder más influyente del mundo en 2010 (según la revista Time), de 66 años, es contra el cáncer por haber fumado durante décadas. (Télam)