Fue su palabra contra la del abusador. Como sucede en la mayoría de los casos de abuso sexual no hubo testigos, y como tampoco hubo acceso carnal que dejara alguna lesión, sabía que le iba a ser difícil demostrar que su relato era verdad. Pero la mujer se animó y fue hasta las últimas consecuencias. Y las pericias psicológicas fueron centrales para que los jueces Alfredo Barrionuevo, Emilio Páez de la Torre y Horacio Villalba le creyeran a la paciente y condenaran al camillero a dos años de prisión condicional por abuso sexual simple.
Los especialistas reconocen que los jueces les dan cada vez más importancia a las pericias psicológicas al valorarlas como pruebas. "Hay que tener en cuenta que estas pericias no son vinculantes para los magistrados. Pero la experiencia de trabajar con víctimas de abuso sexual demuestra que el daño emocional y psíquico que se provoca después de un abuso sexual es muy marcado; esos daños no se notan, no se ven a simple vista. Es una herida interna que a veces puede perjudicar a la víctima en el futuro no inmediato", manifestó la abogada Lucía Briones, jefa del Departamento de Violencia Familiar de la Municipalidad.
En el caso juzgado la semana pasada, la mujer era trasladada luego de una operación desde el quirófano hasta la habitación. En el ascensor fue abusada por el camillero, que la tocó y la obligó a practicarle sexo oral mientras ella estaba bajo los efectos de la anestesia. El hecho ocurrió en noviembre de 2007, y aunque no trascendió hasta que comenzó el juicio oral, fue comentado en distintos sanatorios de la provincia, según dijeron fuentes de los centros médicos. Según dijeron, la práctica indica que el enfermero de piso debe esperar al paciente en la puerta del ascensor, cuando no puede acompañarlo en el trayecto, aunque es un protocolo no escrito.
El entonces gerente general del sanatorio donde ocurrió este hecho reconoció en la instrucción que, cuando la mujer fue sacada del quirófano, estaba consciente de lo que pasaba, tal cual consta en el protocolo anestesiólogo. Sin embargo, no pudo precisar cuánto tiempo demoró el traslado, ya que se enteró del hecho al día siguiente. Tampoco explicó si un enfermero lo esperó en el piso de internación.
La defensa del camillero alegó que era imposible que, en el tiempo que demoró el ascensor, se hayan producido los abusos que denunció la mujer, y que ella seguramente alucinó. Y a pesar de que no hubo testigos, el tribunal creyó la versión de la paciente y lo condenó.