Las medias tintas generalmente sirven para escribir una historia confusa e incompleta. Sin embargo, la pluma de Silvio Iuvalé toma carrera y sin definir su posición en la cancha del todo deja conforme a los dos bandos: volante central nato, colabora con la defensa hasta darse cuenta de que, casi, es uno más de ellos. De a ratos, endereza la birome y vuelve al capítulo uno: el medio campo. Ayer fue todo eso, pero en su más alta expresión. Sin los flashes de los goleadores best sellers, fue una de las figuras.

"Hay muchos jugadores en la línea media que tienen características ofensivas y mi vocación en el equipo es tratar de colaborar con los defensores y así lograr el equilibrio del equipo", ilustra el oriundo de Ramallo, provincia de Buenos Aires. Qué palabra vocación... Descarta que su labor provenga de una orden o sea un pedido desgañitado de Juan Manuel Llop o el técnico en cuestión. Su instinto natural lo lleva a mezclarse con el barro del área propia.

Antes de que suene el silbato, empieza pegadito a Diego Barrado para hacer buenas migas en el medio. Sin embargo, los amigos de atrás también cuentan con su presencia, y en esas relaciones también está la clave. "Creo que cada vez estamos encontrando mejores sociedades dentro del campo. Hay que seguir buscándolas para que el equipo tenga un mejor rendimiento", confiesa. "En el ataque también hay buenas asociaciones", agrega sobre los de arriba.

A la próxima fiesta, sus amigos del fondo, Deivis Barone y Marcelo Mosset, no asistirán y habrá que buscar otros compinches. "Son dos piezas fundamentales del equipo pero como siempre decimos los jugadores: hay jugadores que están esperando su posibilidad y los que entren se brindarán al máximo para mantener el nivel", asegura blanqueando una máximo del "gremio" de los jugadores.

Justamente el que no faltó a ningún convite fue él: jugó los 12 partidos del torneo y alternando buenas y malas, logró encontrar su doble posición: un volante defensivo y , podría decirse, un quinto defensor con licencia para subir.