Se habla demasiado de la avaricia en el fútbol, de los equipos formados para romper; de los planteles preparados para dar el golpe y luego defender el rancho desde la trinchera, resignando el factor sorpresa. Las teorías y las críticas van de la mano. De eso vive la gente, el hincha, el futbolista; de aportar lo suyo, cada uno a su manera.

Este Atlético nació con un grupo sanguíneo muy distinto al del "Indio". Y volvió a la vida con un claro objetivo: mutar constantemente dentro del rectángulo y no morir con una idea, sino con dos, tres, cuatro... Por esa razón, ayer hizo valer su nombre y apellido. Supo darle una verdadera clase a un Huracán que sólo trajo el nombre al "Jardín". Nunca sopló, pero ojo, no fue su culpa. Las virtudes de un anfitrión despierto, con la cara recién lavada, le pasaron una factura demasiado pesada como para remontar vuelo. El combo fue perfecto por donde se lo mire. Sin dudarlo, de las 12 presentaciones de esta temporada, ésta, por varios cuerpos, fue la mejor. La cucarda al número uno se la llevó la mayoría. Ischuk evitó cualquier susto, mayor o menor. Los zagueros hicieron honor a practicidad; las bandas se pasaron de atrevidas y los carrileros surcaron la autopista izquierda y derecha sin mostrar licencia de conducir. Iuvalé y Barrado coparon la parada y "Pulguita" y Martínez eclipsaron (sin goles) a cuatro hombres de patas de palo.

O sea, con todos esos atributos, Atlético, tarde o temprano, iba a llevarse el mundo por delante. Y lo hizo con prisa y sin pausa, a puro toque asfixiando el modelo de Cocca. Lateral veloz de "Fonda", pared con Barrado y cesión a Luis Miguel. Longo, pescador, corrigió el fustazo del simoqueño y puso el 1 a 0. El mendocino estuvo ahí, listo para tapar la olla si se destapaba. La idea de Llop, entonces, está. Habiendo resuelto el crucigrama, el "decano" no demoró en encontrar la solución al problema. Pase perfecto de "Pulga" a "Monti", amague y zurdazo con rosca al palo de un Monzón lento: 2 a 0 en 33? e historia liquidada.

Si bien faltan un vida de acción, por cómo venía la mano, ni soplando fuerte, Huracán daba vuelta la tortilla.