La condena de dos años de prisión en suspenso (sigue en libertad) para el camillero que abusó de una paciente anestesiada generó la reacción de los lectores. Al publicarse la noticia en la edición de ayer de LA GACETA estalló la controversia.

La mayoría consideró que la pena es benévola frente a la magnitud del caso. Cabe recordar que el ex empleado de un sanatorio céntrico fue hallado culpable de abuso sexual sin acceso. En el juicio, que culminó el martes, se determinó que el camillero M.A.V. retiró en una camilla a una paciente del quirófano para llevarla a la habitación, pero aprovechando que la mujer estaba somnoliente por la medicación, abusó de ella en el ascensor del edificio.

El informe psiquiátrico de la especialista María Rosa Fernández establece que como consecuencia del abuso sufrido, ha cambiado completamente la vida de la mujer que resultó víctima. "El terror la paraliza, el recuerdo y las pesadillas de lo sucedido la sumergen en un estado de angustia y depresión, una situación que afecta directamente al grupo familiar por una vivivencia denigrante y vergonzosa".

La especialista remarcó las secuelas que dejó el hecho en la víctima. "El miedo y el pánico a encontrarse con el abusador la obligan a encerrarse en su casa y si debía salir lo hacía acompañada por un integrante del grupo familiar, situación que se prolonga por un período de tres meses", advirtió en el informe que fue adjuntado a la causa judicial.

Perfil del agresor
Por el lado del abusador, el informe psicológico practicado al imputado por el licenciado Alejandro Kotowicz estableció que en el perfil del camillero se destaca "personalidad inestable, nerviosismo, ansiedad, evasividad, sentimientos de culpa de origen latente, necesidad de controlar la impulsividad e inmadurez".

El imputado reconoció que el día del hecho trabajó en el sanatorio y dijo que, en aquel momento, era el único camillero.