En los años 80, había un programa de televisión en el que su conductor estrella, Jack Palance, se paraba frente a las cámaras y decía: "Aunque parezca realmente increíble... es cierto". Todas las semanas, el ciclo acaparaba la atención de millones de televidentes y se hizo famoso por mostrar sucesos extraños y curiosidades del mundo entero como aquel recordado informe sobre un preso que se suicidó, dentro de la cárcel, con un juego de naipes.

Quizás hoy, el recordado actor y presentador Jack Palance tendría material suficiente para sorprender a sus televidentes con los pormenores de la prisión perpetua que purga Pablo Amín en la cárcel de Villa Urquiza. Hace unos días, LA GACETA reveló que el joven homicida pidió autorización para tener una "visita higiénica". Esa solicitud, efectuada por sus abogados defensores Roberto Flores y Martín Zottoli, fue rechazada por la sala II de la Cámara Penal.

En aquel momento, la mayoría de los tucumanos opinó en contra de cualquier intento por beneficiar a Amín. De hecho, el homicida santiagueño es "aborrecido" por la sociedad desde que se hizo tristemente célebre por haber matado y arrancado los ojos a su propia esposa María Marta Arias, en la habitación de un hotel, frente al parque 9 de Julio.

El pedido de una "visita higiénica" generó la reacción de los lectores de LA GACETA. En una encuesta on line, la mayoría se pronunció en contra de esa posibilidad. Inclusive algunos foristas se preguntaban si darle ese beneficio a Amín implicaría que iba a tener la compañía ocasional de una prostituta.

Nadie imagina que una mujer pueda acompañar al homicida que hace cuatro años se ensañó con el cuerpo sin vida de su esposa de 23 años. Sin embargo, hay una mujer que comparte charlas y que lo acompaña en la cárcel durante la única hora semanal de visita que tiene permitido. No es una visita higiénica, cabe aclarar, sino una visita común y corriente bajo la supervisión de los guardiacárceles.

Nuevo vínculo
Muchos se preguntarán cómo es que nació este vínculo entre Amín y la mujer. Ella es una tucumana que pidió permiso para ver al interno. Los abogados efectuaron los trámites de rigor y, después de un estudio del caso, las autoridades del penal le dieron el carné, que la habilita para ingresar al penal, con el rótulo de "allegada".

Los sábados son días de visita, pero a diferencia de los presos comunes que tienen hasta cinco horas de compañía de sus familiares, los internos del pabellón de máxima seguridad sólo pueden recibir a una persona y por espacio de una hora.

De ningún modo puede convertirse esto en una visita higiénica, porque el encuentro entre ambos se realiza en el patio interno del pabellón, bajo la tutela de los guardiacárceles de turno. En cambio, para las visitas higiénicas hay otro sector acondicionado para ese fin.

Ayer, la mujer aprovechó el día de visita para estar, otra vez, con Amín. De qué hablaron es algo que sólo ellos lo saben. Qué pasará en el futuro de esa relación nadie puede predecirlo. Lo concreto es que, estando en la cárcel, Amín tiene una mujer que quiere estar con él, compartir y charlar a solas. Como diría Palance: "aunque parezca realmente increíble..."