El debut de la reelección, hace cuatro años, abrió por aquel entonces un inédito interrogante entre los especialistas en protocolo que organizaban el acto de asunción del nuevo gabinete. La tradición indica que el gobernador saliente debe entregar los atributos del mando a su sucesor. Pero si el mandatario que se va es el mismo que el que viene, ¿cómo recibirá la banda y el bastón? Descartada la posibilidad de interpretar dos personajes, el obvio protagonista de la ceremonia, José Alperovich, se negó en aquella oportunidad a delegarse el poder a sí mismo, y exigió la participación de su familia en el acto. Hoy, la imagen se repitió, y el mandatario tomó los atributos rodeados de su esposa e hijos. LA GACETA ©