En 2011 la recaudación gozó de una coyuntura excepcional por la conjunción de factores positivos, como ser la recuperación de los precios de commodities de exportación y la fuerte expansión del consumo. Esto permitió que la recaudación aumentara varios puntos por encima del producto nominal, habiendo crecido en el primer semestre el PBI nominal al 30% interanual, mientras que la recaudación lo hizo al 33%.
Este incremento considerable en los recursos del fisco eleva la presión impositiva a nivel consolidado al récord de 37,6 puntos del PBI, según las proyecciones del FMI en su último informe "Perspectivas Económicas Regionales", habiendo superado a Brasil (con una presión de 36,7 %), país que lideraba este ranking en la región hasta el año 2010.
Por el lado de las provincias y los municipios, se mantiene la recaudación relativamente estable en los últimos dos años, alcanzando el nivel subnacional en conjunto del 7% del producto.
Más moderación el año próximo
En 2012, el panorama fiscal luce más moderado y puede perderse parte del empuje recaudatorio. Se prevé un crecimiento menor de la masa salarial, debido a la desaceleración en la creación de puestos de trabajo y un aumento inferior al de este año en los salarios.
Esto implica una desaceleración en el ritmo de expansión de los recursos de la Seguridad Social y una suba más moderada de lo recaudado por consumo, a través de IVA e impuestos internos, entre otros.
Además, el efecto del precio de la soja en la recaudación por retenciones puede también ser negativo. La fenomenal trayectoria de los ingresos tributarios impide que la aceleración de los egresos (crecen al 40% anual) reciba la atención debida. No obstante, el desempeño de las cuentas públicas merece especial cuidado.
Si bien los recursos totales del Estado nacional siguen siendo mayores a los gastos, las tasas de crecimiento de ambas variables evidencian un diferencial porcentual a favor de los gastos que en agosto cumplió cinco meses consecutivos. Si esta tendencia continúa, tarde o temprano la relación se revertirá.
Teniendo en cuenta los ingresos esperados, el superávit primario del sector público nacional será probablemente de entre $13.500 y $16.000 millones en 2011, lo cual implicaría una reducción absoluta respecto de los $25.000 millones de 2010, incluso en términos nominales. En términos del PBI, claramente se reduce la relación, pasando del 1,8% del año pasado a menos del 1% para fines de 2011. Con una visión a mediano plazo, si no se produce un cambio de tendencia, es posible que nos despidamos de los superávits gemelos en 2012.
Los gastos
Por el lado de los gastos, una parte no menor de estos se destina a financiar aquellas obras de infraestructura que el sector privado podría hacer pero no desea enfrentar, debido a la falta de previsibilidad en las reglas de juego, siendo un claro ejemplo de esto el sector energético. La robusta trayectoria creciente de los subsidios al sector no es sostenible, lo cual torna difuso un futuro en el cual un eventual escenario de reducción de subsidios y ajuste de tarifas atrasadas pueda no ser lo suficientemente rentable para la actividad.
Asimismo, todo gasto de contención social (necesario luego del importante deterioro en el tejido social que se produjo a partir de la última gran crisis doméstica) requiere de condiciones perdurables. Es decir, no sólo de incrementos de partidas presupuestarias, sino también de planificación estratégica y un accionar coordinado con un horizonte de largo plazo.