BUENOS AIRES.- De Jujuy a Ushuaia, la expectativa por las elecciones crecía en todo el país, a minutos de pasadas las 18 de ayer. Sin embargo, esto no sucedió en un lugar: en el búnker de Ricardo Alfonsín. 42 personas -la mayoría periodistas- esperaban el desenlace del acontecimiento político más importante de los últimos cuatro años. No hubo bombos ni cánticos. Tampoco hubo movilizaciones. Sólo un puñado de dirigentes se animaron a la derrota.
Los 37 puntos de ventaja que había sacado Cristina Fernández de Kirchner en las primarias fue demasiado. El recinto radical fue un escenario desolador. Los pocos dirigentes que asistieron oscilaron entre la alegría y la furia: un razonamiento bipolar con fundamentos de difícil comprensión. Destacaron la elección de la UCR pese a dejar el segundo lugar en manos del Frente Amplio Progresista, pero encendieron la interna y apuntaron contra sus aliados.
De acuerdo a "La Nación", no sólo la concurrencia hizo la diferencia con respecto al 14 de agosto. Los candidatos ya no se paseaban por las alfombradas salas del NH City. Tampoco gozaron de la privilegiada vista a la Casa Rosada. Tres meses después, las expectativas habían cambiado. Esta vez, las paredes grises del Comité Nacional de la UCR fueron testigos de la soledad.
El clima tuvo una leve subida cerca de las 19. A esa hora llegaron los primeros valientes: el candidatos Hernán Rossi y Miguel Bazze, y el jefe del radicalismo en la Cámara baja, Ricardo Gil Lavedra. Al grito de ¡Alfonsín! ¡Alfonsín! ¡Alfonsín!, el candidato a presidente ingresó a su búnker entre flashes y aplausos. En la parte más reflexiva de su discurso, el diputado fue autocrítico: "aprendimos muchas cosas para la próxima elección. No vamos a cometer esos errores".
Malestar indisimulable
El enojo estuvo presente desde el minuto uno, pero se hizo inocultable con los primeros cómputos. La ausencia de Ernesto Sanz, presidente del partido, es un buen ejemplo. El senador mendocino, que supo ser rival de Alfonsín en las internas, prefirió quedarse en su provincia.
Pero el gran ausente de la noche fue Francisco de Narváez. El candidato a gobernador de Udeso había estado el 14 de agosto en el NH City. Su presencia había sido todo un símbolo de unidad. Pero esta vez, De Narváez prefirió no asistir ni al búnker de Alfonsín ni al recinto de Alberto Rodríguez Saa, su flamante aliado nacional.
Cerca de las 22, cuando las luces comenzaban a apagarse, un camión con bombos, banderas y decenas de militantes de la juventud radical se preparaban para desembarcar en el Comité Nacional. Pero ya era tarde. Unos segundos antes, Alfonsín había dejado el lugar... (Especial)