Inobjetable. Simple. Apabullante. Multitudinario. Avasallador. Histórico. Récord. Peronista. Persuasivo. Eufórico. Ampuloso. Sorprendente. Preocupante. Riesgoso. Renovador. Único.

Los adjetivos brotan a medida que Cristina Fernández de Kirchner va cosechando votos para disfrutar su gran victoria. Sin bolsones ni movilizaciones atrevidas, la Presidenta fue reelecta con la potencia ciudadana que dejó en claro su popularidad y le puso fin a la carrera política de históricos como Eduardo Duhalde o Elisa Carrió. Sólo Hermes Binner pudo irse a dormir tranquilo anoche.

Triunfos como este obligan a Cristina a equivocarse menos porque es tanto el poder que cabe en su puño que su responsabilidad sobre lo que le pase al país se multiplica.

También los opositores tienen obligaciones urgentes. Ayer se apuraron en felicitar a Cristina y en decir "es la voluntad del pueblo". Esos dichos sonaron más a que se desentendían de la realidad que a que interpretaban el mensaje de inútiles con el que las urnas los calificaron.

¿Qué hará Cristina con tanto poder? Ayer dejó en claro que ella gobierna con los sectores bajos y medios del país y les recordó que eran ellos los que debían cuidar los excesos de cualquier minoría.

La Presidenta tiene dos años para pensar tranquila qué va a hacer. Un camino se dirige a la re-reelección y el otro a la renovación de esa juventud que tanto mima. Ayer, también "La Cámpora" llegó a la mayoría de edad: ya no depende de lo que le den, ahora tiene por derecho propio.

Cristina no puede desconocer que llegó tranquila porque la economía fue un corazón latente que no le falló, pero por la misma razón sabe que en la agenda el marcapasos depende del manejo de esos números que ponen en vilo a quien administra el poder.