Su corteza árida y añosa está curtida por el sol impiadoso de los Valles Calchaquíes. Los surcos de su superficie, casi de color bronce, marcan el paso de los años. Esas huellas también son testimonio de una sabiduría ancestral.
En Tucumán, la "Madre Tierra" se corporiza en Andrea Flores de Balderrama y avanza con paso cansino por las calles de la comuna de Amaicha del Valle, a 164 kilómetros de la capital. La mujer de 84 años, consagrada durante la Fiesta Nacional de la Pachamama 2011, nunca dejó de cumplir con el deber de votar. Reivindicando los valores de la tradición y, paralelamente, los de la democracia, la anciana respondió ayer al llamado de las urnas en compañía de LA GACETA.
Tierra de necesidades
"Doña Andrea", como es conocida en la zona, es una personalidad admirada y respetada en la tierra donde vive y reina el sol. De hecho ayer, mientras la capital no podía terminar de escurrirse bajo una persistente lluvia, en las calles amaicheñas ni una nube entorpecía el paso de los rayos.
"En todas las elecciones voto, como debe ser. En el juzgado me dieron una hojita porque ya no hay lugar en la libretita. Mire los años que tengo, no alcanzan las hojas ¡Ya i? cumplido 84 el Día de la Tradición!", explica, sonríe y atrapa al instante. Su sencillez y humor acaparan la atención de quienes caminan por el pasillo de la escuela Nº10. Saluda a medio mundo y explica: "casi todos somos familia".
"Dios quiera que todos elijan a los buenos, que tengamos suerte con los que salgan. Porque si estamos más mal, sería muy triste", augura y su mirada se ensombrece. Está preocupada por la inflación y por la falta de trabajo para los jóvenes. "Si voy a comprar un kilo de azúcar hoy sale un precio, mañana otro. No puede ser. Se sufre mucho la situación. Tengo un hijo de crianza, se ha junta?o con una chica y no tiene trabajo. Como lo mandé a la escuela, sabe hacer adobe. Con esito vive. Lo ocupan a veces. Le doy para que compre leche para los chicos", relata angustiada. Durante su juventud, la Pachamama trabajaba como empleada doméstica por día y no pudo acceder a una jubilación; actualmente, cobra una pensión. "?E nacío en El Chaupiñau, en los cerros, pero me crié en Los Zazos. Mi mamita todavía vive allí con 99 años. Tendré que pedir más hojas para votar", presume antes de despedirse. Quizás, la "Madre Tierra" haya adquirido el secreto de la longevidad de la deidad que representa. No hay dudas de que entre sus posesiones cobija la gracia de ponderar, con su ejemplo, el valor de ejercer la ciudadanía.
Una coplera
La Pachamama es elegida cada verano por el Consejo de Ancianos de la comunidad indígena Amaicha del Valle, cuyo cacique es Eduardo Nieva. Uno de los siete miembros de ese organismo es Lastenia Aguilar, una coplera de 75 años. La mujer tiene un pequeño y pintoresco comedor cerca de la plaza de Amaicha. Mientras preparaba empanadas, tamales y locro, apoyó la determinación de la Pachamama de seguir observando su deber cívico.
"Hay que votar y cumplir. Nosotros defendemos la tradición, la cultura, el canto y la artesanía. Mucha gente viene a conocernos. Pero somos casi 3.000 comuneros y tenemos muchas necesidades. Más que nada, el trabajo para los chicos. Nuestros jóvenes se van al sur", manifestó dolida.