Por Fernando Heller - Columnista de DPA
Bruselas.- No "unidos en la diversidad", según el lema europeo, sino aparentemente más desunidos que nunca, los países de la Unión Europea (UE) cerraron ayer 72 horas de negociaciones mostrando divergencias en puntos clave sobre cómo deben prepararse en casos de problemas en España o Italia o cómo salvar al euro. De los tres grandes temas sobre la mesa -reforzar el fondo europeo de rescate del euro, la recapitalización bancaria y las pérdidas que deberán asumir los bancos europeos en el segundo rescate de Grecia- sólo salió adelante el de la inyección a los bancos por cerca de 100.000 millones de euros, como pedía el presidente de la Comisión Europea, José Durao Barroso y antes que él la directora del FMI, Christine Lagarde.
El asunto de cómo reforzar el Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF), dotado con 440.000 millones de euros, para que hipotéticamente pueda hacer frente a turbulencias en socios periféricos de la moneda única como España o Italia, ha quedado suspendido a petición expresa de la canciller germana, Angela Merkel, la única cabeza visible, junto al presidente galo, Nicolas Sarkozy, en medio de la tormenta de crisis de deuda soberana en Europa. La canciller alemana quiere consultar al Parlamento de su país antes de tomar cualquier decisión comprometida.
Merkel dejaba en claro que no cabía esperar una decisión definitiva sobre los grandes problemas que aquejan a la Eurozona, después de que el sábado instara a España e Italia a hacer más esfuerzos de ajuste.
"Necesitamos más Europa, una aplicación más fuerte (de las políticas europeas) y el cambio de tratados tampoco debe ser un tabú", subrayó en referencia al posible apalancamiento del FEEF. Consciente de que ocupa un papel de liderazgo casi único entre los líderes de la UE, Merkel instó a España a realizar más reformas para lograr la reducción de su nivel de endeudamiento.