Desde 2009, las presuntas irregularidades administrativas en la escuela Gobernador Javier López, de Choromoro (Trancas), fueron un secreto a voces en el cuerpo docente y no docente del establecimiento educativo, a cargo de la directora Marcela Elizabeth López de Tapia.
Según la documentación a la que accedió LA GACETA, la directora contrató a una empresa denominada Soluciones y Servicios (Cetap), desde la compra de lapiceras hasta la limpieza de los tanques de agua del establecimiento escolar. El dueño de la firma es César Alfredo Tapia, y la reiteración del apellido Tapia no es un error de tipeo. El hombre a cargo de la firma es el esposo de la directora. Lo llamativo del caso es que la firma funciona en la misma vivienda familiar en donde convive el matrimonio, en esta capital. Según pudo averiguar este diario, de comprobarse estas presuntas anomalías, la conducta podría acarrear sanciones en sede administrativa y sede judicial.
La confesión
De acuerdo a un acta escolar del día 30 de julio de 2010 a la que tuvo acceso este diario, los docentes del establecimiento le cuestionaron a la directora el uso y el destino de los dineros que anualmente el Ministerio de Educación de la provincia le suministra a la escuela, cada vez que se inicia el ciclo lectivo, para trabajos de aprestamiento (según la denominación oficial).
En una reunión de trabajo -según consta el acta N°212, un docente le preguntó a López de Tapia sobre el destino de los fondos para el aprestamiento de la escuela. En la respuesta a sus colegas, la directora admitió que la empresa contratista pertenecía a su esposo. "Recibimos dos aprestamientos, uno de $ 9.000 y el otro de $ 6.000. La idea central del trabajo es colocar el policarbonato en las aberturas del edificio escolar", había expresado la directora, al tiempo que reconoció -siempre según el acta- que "fue un error" contratar a la firma de su marido. El acta añade, al decir de López de Tapia, que "la única persona que la respaldó en su proceder fue la señora supervisora". La funcionaria mencionada en la conversación es la supervisora de la zona N° 39, Adriana de Bunader. El visado de Bunader aparece en la planilla de rendición de gastos que presentó la directora.
Comprobantes
Las facturas de Cetap varían en los montos y en las descripciones por cada servicio que prestó. Por ejemplo, un comprobante detalla: "Encuadre de policarbonato en portones de acceso", por un valor de $ 2.050.
Otra factura describe: "Limpieza de tanques de agua. Revisión y prueba de funcionamiento de bombas", por un precio de $ 800. Pero quizás, el más llamativo, es el comprobante con fecha del 11 de febrero de 2010 que reza: "Asistencia técnica en trabajos de aprestamiento", por un valor de $ 3.500, ya que el recibo no brinda un detalle específico del servicio facturado. Y un dato curioso: la empresa fue inscripta en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), apenas 10 días antes de operar comercialmente con el establecimiento escolar. En rigor, el inicio de actividades declarado corresponde al 1 de febrero de 2010.
El polirrubro
La empresa familiar no sólo realizó trabajos de mantenimiento, sino que también le proveyó útiles escolares al establecimiento de Choromoro. Según el detalle de la factura N°0001-00000031, se consigna la venta de tres resmas de papel por $ 83,70, exactamente 20 lapiceras marca Bic por $ 34 y tres rollos de cinta de papel por $ 23,70.
Como lo exigen las leyes contables, los comprobantes llevan impresa la dirección y el teléfono de la firma. Cuando LA GACETA llamó al número consignado en la factura, fue la propia directora la que atendió desde el otro lado del teléfono. La docente afirmó que la dirección corresponde a su vivienda particular, al tiempo que aseguró que la firma le pertenece a su marido. "No voy a hacer declaraciones. Primero voy a hablar con mi supervisora", sólo se limitó a decir López de Tapia.
Ayer, LA GACETA concurrió al domicilio fiscal impreso en las facturas de la empresa Cetap. El lugar es una casa a medio construir, donde residen César Tapia junto con su esposa, Marcela López y sus hijos.
Según la documentación a la que accedió LA GACETA, la directora contrató a una empresa denominada Soluciones y Servicios (Cetap), desde la compra de lapiceras hasta la limpieza de los tanques de agua del establecimiento escolar. El dueño de la firma es César Alfredo Tapia, y la reiteración del apellido Tapia no es un error de tipeo. El hombre a cargo de la firma es el esposo de la directora. Lo llamativo del caso es que la firma funciona en la misma vivienda familiar en donde convive el matrimonio, en esta capital. Según pudo averiguar este diario, de comprobarse estas presuntas anomalías, la conducta podría acarrear sanciones en sede administrativa y sede judicial.
La confesión
De acuerdo a un acta escolar del día 30 de julio de 2010 a la que tuvo acceso este diario, los docentes del establecimiento le cuestionaron a la directora el uso y el destino de los dineros que anualmente el Ministerio de Educación de la provincia le suministra a la escuela, cada vez que se inicia el ciclo lectivo, para trabajos de aprestamiento (según la denominación oficial).
En una reunión de trabajo -según consta el acta N°212, un docente le preguntó a López de Tapia sobre el destino de los fondos para el aprestamiento de la escuela. En la respuesta a sus colegas, la directora admitió que la empresa contratista pertenecía a su esposo. "Recibimos dos aprestamientos, uno de $ 9.000 y el otro de $ 6.000. La idea central del trabajo es colocar el policarbonato en las aberturas del edificio escolar", había expresado la directora, al tiempo que reconoció -siempre según el acta- que "fue un error" contratar a la firma de su marido. El acta añade, al decir de López de Tapia, que "la única persona que la respaldó en su proceder fue la señora supervisora". La funcionaria mencionada en la conversación es la supervisora de la zona N° 39, Adriana de Bunader. El visado de Bunader aparece en la planilla de rendición de gastos que presentó la directora.
Comprobantes
Las facturas de Cetap varían en los montos y en las descripciones por cada servicio que prestó. Por ejemplo, un comprobante detalla: "Encuadre de policarbonato en portones de acceso", por un valor de $ 2.050.
Otra factura describe: "Limpieza de tanques de agua. Revisión y prueba de funcionamiento de bombas", por un precio de $ 800. Pero quizás, el más llamativo, es el comprobante con fecha del 11 de febrero de 2010 que reza: "Asistencia técnica en trabajos de aprestamiento", por un valor de $ 3.500, ya que el recibo no brinda un detalle específico del servicio facturado. Y un dato curioso: la empresa fue inscripta en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), apenas 10 días antes de operar comercialmente con el establecimiento escolar. En rigor, el inicio de actividades declarado corresponde al 1 de febrero de 2010.
El polirrubro
La empresa familiar no sólo realizó trabajos de mantenimiento, sino que también le proveyó útiles escolares al establecimiento de Choromoro. Según el detalle de la factura N°0001-00000031, se consigna la venta de tres resmas de papel por $ 83,70, exactamente 20 lapiceras marca Bic por $ 34 y tres rollos de cinta de papel por $ 23,70.
Como lo exigen las leyes contables, los comprobantes llevan impresa la dirección y el teléfono de la firma. Cuando LA GACETA llamó al número consignado en la factura, fue la propia directora la que atendió desde el otro lado del teléfono. La docente afirmó que la dirección corresponde a su vivienda particular, al tiempo que aseguró que la firma le pertenece a su marido. "No voy a hacer declaraciones. Primero voy a hablar con mi supervisora", sólo se limitó a decir López de Tapia.
Ayer, LA GACETA concurrió al domicilio fiscal impreso en las facturas de la empresa Cetap. El lugar es una casa a medio construir, donde residen César Tapia junto con su esposa, Marcela López y sus hijos.