Hay preguntas incómodas, ingeniosas, dañinas, pícaras e ingenuas, dependiendo del momento. La lista podría seguir, basta pensar en algunos de los generadores de las consultas para tipificar otras: niños, periodistas, psicólogos, científicos, políticos, religiosos, vecinas curiosas, policías, etc, etc. Para cada una habrá una respuesta, que se supone desnudará al dueño y que enmarcará el diálogo y su profundidad temática. Pero están las preguntas de ocasión, las que parecen inofensivas pero que tienen el rango de obligatorias en los cruces circunstanciales de los seres humanos, como por ejemplo las típicas e inocentes ¿cómo andas?, ¿la familia bien?, ¿la salud? Entre ellas, existe una que es extremadamente peligrosa, es de ocasión y viene disfrazada de ingenua: ¿qué hay de nuevo? Generalmente sirve de buen disparador para abrir una charla de café. El tema, para entrar a analizarlo, es cuando quien tiene que responder contesta -como al pasar y sin darle importancia ni medir sus palabras- con un inocente: "nada". Concepto dramático. ¿Por qué? Buena pregunta, no ingeniosa, pero necesaria. Por lo que esconde ese rápido "nada" en apariencia irreflexivo. Transmite rutina, escasa voluntad de cambio y poca iniciativa para alterar la realidad. ¿No es demasiado? Puede ser, pero me animaría a sugerir que, cuando aparezca en boca de algunos amigos esta "peligrosa" pregunta, estemos preparados para eludir el "nada" que entrampa. ¿Cómo? No tengo todas las respuestas, pero, por lo menos, intentar ganarle a la rutina sería un buen consejo. Sí, está bien, todos los días la agenda laboral se nos impone y para los que tienen años haciendo lo mismo, la actividad se vuelve rutinaria. Entonces, ¿cómo modificar ese ritmo diario? Aprendiendo a disfrutar de nuevas formas lo que se hace. Pero, además, trazando nuevas metas personales, pensar a largo plazo, animarse a decir o hacer lo que la vergüenza impidió, poner pequeñas dosis de optimismo; aunque la realidad nos golpee. Eso entre otras muchas cosas. Así, la próxima vez que venga a nosotros ese ¿qué hay de nuevo? estemos prestos a contestar algo distinto a ese "nada" que mata la charla, pero que, por sobre todo, habla de estancamiento, quietud y falta de imaginación; por lo menos en la respuesta. A buscar alternativas para que, de última, el diálogo sea un poco más ameno.