La identificación de lo nacional con lo rural germina, a principios del siglo XX, en las obras que componen los músicos clásicos, inspirados en las danzas y las canciones rurales argentinas. "El matrero", estrenada en 1929, marca un hito en la historia de la música sudamericana por varias razones, entre ellas: Felipe Boero fue pionero en utilizar libretos en castellano -este pertenece a Yamandú Rodríguez-; fue interpretada más de 50 veces en el Teatro Colón; y es una de las obras más representativas del teatro lírico argentino. Está escrita con todos los elementos del género operístico italiano sobre motivos y temática gauchesca.
El sábado, en el teatro San Martín, el público ocupó hasta la tertulia para conocer las andanzas de Pedro Cruz (Gabriel Centeno), un gaucho rebelde que se hace pasar por cantante para ganarse el amor de Pontezuela (Alicia Cecotti) mientras su padre, don Liborio (Mauro Expósito), reflexiona, aconseja e interviene. Matías Safarsi, Mario Moreno, Daniel Arrieta, Raúl Dip, Emilio Raya, Fernando Valeros, Rubén Acosta y Ricardo Ceballos Sal integran el elenco tucumano que secundó con solvencia los roles principales en el canto.
El ámbito rural y las costumbres en las palabras? Lechuzas, horneros, tordos, el tala, el cantar, el payador, la huella? Dos ranchos con techo de paja, el pajonal y en primer plano, el fogón y la pava, fueron el marco, durante los tres actos, de una estancia en el litoral. Los cambios los dieron las luces que pusieron la caída de la tarde, la noche azul con luna llena y el amanecer, y los movimientos de masa de los coros. La media caña, el malambo o el gato correntino los lució el ballet El Zafrero, a las órdenes de Pablo Sánchez. La orquesta y el coro corrieron por cuenta de la batuta de Enrique Roel, y todos acataron la regie de Carlos Palacios.
La historia transcurrió entre la algarabía de la fiesta al principio, los diálogos entre los personajes principales, las sabias reflexiones de don Liborio, la gracia de Zampayo (Juan Carlos Luque), las ofensas entre los gauchos, las reacciones -facón en mano- y la muerte siempre al acecho. Y como en toda ópera, el amor contrariado de Pontezuela, la transgresión, el coraje, el romance. "Yo no soy hembra? yo me he curtido al alba? tengo derecho a elegir amores", dice. El desenlace, pleno de dramatismo, trajo al amado a morir en sus brazos.