A Rafael Kohanoff, ingeniero químico,dirigente político y empresario, el siglo XXI, con su impronta tecnológica, lo ha arrojado al terreno de las acciones concretas. Aunque cueste imaginar el nexo entre la política y la tecnología, él resume así su función como director del Centro de Tecnologías para la Salud y la Discapacidad, en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). "Se trata de ver cómo uso conocimiento científico para mejorarle la vida a la gente; se trata de impulsar un proyecto nacional que permita darles una mejor vida a los que menos tienen", afirma Kohanoff.
Desde que en 1973 participó en las coincidencias programáticas entre los distintos sectores sociales y políticos en la Confederación General Económica que lideraba José Ber Gelbard, este ingeniero químico que ha militado toda su vida en la dirigencia de las Pymes tiene puesta la mirada en la posibilidad de una economía social. En una charla con LA GACETA, él afirma que hay que motorizar la economía PYME; que para ello se necesita un acuerdo con el Estado; y que los egresados de las escuelas técnicas pueden convertirse en fabricantes de -por lo menos- la quincena de dispositivos de ayuda tecnológica que ha diseñado el INTI y a cuyos prototipos se puede acceder en los manuales que el organismo tiene colgados en su sitio web (www.inti.gob.ar/discapacidad).
Con sus 86 jóvenes años, Kohanoff asegura que esta sociedad todavía no ha entendido lo que significa el hecho de que cada vez vivimos más tiempo. "O interviene la sociedad toda, o no se resuelve. Yo tengo 86 años y pienso seguir viviendo unos cuantos años más, y la gente con discapacidad vive más. Todos los sistemas de asistencia social están rebasados, y en la medida en que esto siga así, hay bibliografía moderna que está diciendo: o conseguimos que a las personas mayores se las atienda en su casa y encuentren una solidaridad familiar o amistosa, o no van a ser atendidos", afirma Kohanoff, que la semana pasada estuvo en Tucumán, instalando en escuelas especiales aros magnéticos para chicos hipoacúsicos fabricados por alumnos de escuelas Técnicas.
- La idea es que el INTI es un desarrollador de ideas...
- El Inti no fabrica ni vende nada. Y aquí viene un problema importante. Una serie de cosas que hicimos, como la silla de ruedas, los andadores, los bastones, que son mucho más baratos que los que hay en el mercado, con igual o mejor calidad y funciones, hay que encontrar quién los haga. La gran diferencia está en esto: si hacemos los planes y los manuales que hicimos, y los agarra un empresario: ¿los va a vender lo más barato posible? Cómo hacemos para que esto les llegue a las personas con discapacidades motrices, muchas de las cuales son NBI? ¿Y cómo hacemos para que les llegue el producto personalizado? En algún lugar de Tucumán, por las obras sociales, puede llegarles una silla de ruedas que no es la que la persona necesita. De modo que se nos ha ocurrido una gran idea: hay 1.500 escuelas técnicas en el país. Entonces hicimos un convenio con el INET: nosotros hacemos los planos y la asistencia técnica y las escuelas fabrican el producto de modo casi personalizado. La idea es: el alumno de la Escuela Técnica va con su profesor a la escuela especial, mira lo que los chicos necesitan, toman las medidas, se dan cuenta lo que es la discapacidad, la solidaridad y la integración.
- ¿Cómo se financian los materiales?
- Teóricamente, la Comisión Nacional de Discapacidad y el INET mandan dinero. Pero lo que nosotros proponemos es: Rotary Club, empresarios, municipios... pongan el dinero. El ministerio de Educación ya hizo un relevamiento acerca de cuales son las necesidades en todo el sistema. Esto está caminando.
- ¿Cómo empezaron a trabajar los dispositivos para discapacitados?
- Nosotros empezamos con el tema de la tercera edad, visitamos los hogares de ancianos con frecuencia y hablamos con ellos, con la familia, con los cuidadores, para ver cuáles eran los asuntos que más los preocupaban. Obviamente, aparecían cuestiones que escapaban a nuestras posibilidades. Pero nos abocamos a otros respecto de los que sí pensamos que podíamos acercar ayuda. Y fue así como desde el INTI desarrollamos una serie de dispositivos. Por ejemplo, en un hogar de ancianos, me dicen: ·¿no pueden hacer algo con los bastones? El problema es que se caen, y cuando se caen, es un problema para nosotros agacharnos". Y uno se pone a pensar: hace 5.000 años que existe el bastón. ¿Y nadie se puso a hacer algo al respecto? Uno de nuestros técnicos hizo el recorte con una suela ojota y una herradura en la que apoyás el bastón. ¿Tenemos un genio que estuvo tapado, o pasa otra cosa? Yo llamé a mis amigos de las Pymes y les dije: "muchachos, hay viejos en todo el país que necesitan que hagamos este dispositivo para que no tengan que agacharse". Y me dijeron: "no es negocio". Yo soy un empresario, siempre lo fui, hice diez empresas. Pero si no hay nadie que se ocupe del problema social sin pensar en el negocio... esto es lo nuevo que estamos incorporando desde el INTI. Estamos viendo cómo resolver el problema de la gente. Así como el bastón, hay otro dispositivo que se inspiró en otra dificultad que vimos en la gente mayor y en algunas mujeres: su dificultad para ponerse las medias. Habíamos visto un dispositivo en Estados Unidos, pero valía mucha plata. Con un sencillo diseño de plástico hicimos un inserto para ponerte las medias cuando no podés levantar la pierna. Yo me atrevo a decir que con las tecnologías y el conocimiento que hay en el mundo se pueden mejorar en un 99% los problemas que padecen los viejos y los discapacitados. Pero lo que yo llamo "la pesadilla" es el momento desde que tenés el prototipo del producto que le sirve a la gente; quién lo fabrica; de dónde saca la plata; quién lo compra; de dónde saca la plata, cómo se lo hace conocer; cómo se cambia el comportamiento de una persona que no está acostumbrada al audífono o a la silla de ruedas. Por ejemplo, para el bastón, hemos encontrado una pequeña empresa que lo fabrica, pero no tiene capacidad de difusión. Hemos desarrollado un cartel oftalmológico, un elemento que informa que si no ves una línea, tenés que ir al oculista. Pero, por lo general, esos carteles están en el oculista. Pero los carteles no le llegaron a la gente, aun cuando yo lo intenté.
- Cómo es el perfil del empresario argentino?
- La personalidad del empresario argentino es igual que el del resto del mundo. Más allá de las diferencias. Y en la Argentina actual hay una tendencia a pedirle al empresario que sea socialmente responsable. Y eso es una barbaridad, porque la responsabilidad social debe estar implícita en cada acción.
Desde que en 1973 participó en las coincidencias programáticas entre los distintos sectores sociales y políticos en la Confederación General Económica que lideraba José Ber Gelbard, este ingeniero químico que ha militado toda su vida en la dirigencia de las Pymes tiene puesta la mirada en la posibilidad de una economía social. En una charla con LA GACETA, él afirma que hay que motorizar la economía PYME; que para ello se necesita un acuerdo con el Estado; y que los egresados de las escuelas técnicas pueden convertirse en fabricantes de -por lo menos- la quincena de dispositivos de ayuda tecnológica que ha diseñado el INTI y a cuyos prototipos se puede acceder en los manuales que el organismo tiene colgados en su sitio web (www.inti.gob.ar/discapacidad).
Con sus 86 jóvenes años, Kohanoff asegura que esta sociedad todavía no ha entendido lo que significa el hecho de que cada vez vivimos más tiempo. "O interviene la sociedad toda, o no se resuelve. Yo tengo 86 años y pienso seguir viviendo unos cuantos años más, y la gente con discapacidad vive más. Todos los sistemas de asistencia social están rebasados, y en la medida en que esto siga así, hay bibliografía moderna que está diciendo: o conseguimos que a las personas mayores se las atienda en su casa y encuentren una solidaridad familiar o amistosa, o no van a ser atendidos", afirma Kohanoff, que la semana pasada estuvo en Tucumán, instalando en escuelas especiales aros magnéticos para chicos hipoacúsicos fabricados por alumnos de escuelas Técnicas.
- La idea es que el INTI es un desarrollador de ideas...
- El Inti no fabrica ni vende nada. Y aquí viene un problema importante. Una serie de cosas que hicimos, como la silla de ruedas, los andadores, los bastones, que son mucho más baratos que los que hay en el mercado, con igual o mejor calidad y funciones, hay que encontrar quién los haga. La gran diferencia está en esto: si hacemos los planes y los manuales que hicimos, y los agarra un empresario: ¿los va a vender lo más barato posible? Cómo hacemos para que esto les llegue a las personas con discapacidades motrices, muchas de las cuales son NBI? ¿Y cómo hacemos para que les llegue el producto personalizado? En algún lugar de Tucumán, por las obras sociales, puede llegarles una silla de ruedas que no es la que la persona necesita. De modo que se nos ha ocurrido una gran idea: hay 1.500 escuelas técnicas en el país. Entonces hicimos un convenio con el INET: nosotros hacemos los planos y la asistencia técnica y las escuelas fabrican el producto de modo casi personalizado. La idea es: el alumno de la Escuela Técnica va con su profesor a la escuela especial, mira lo que los chicos necesitan, toman las medidas, se dan cuenta lo que es la discapacidad, la solidaridad y la integración.
- ¿Cómo se financian los materiales?
- Teóricamente, la Comisión Nacional de Discapacidad y el INET mandan dinero. Pero lo que nosotros proponemos es: Rotary Club, empresarios, municipios... pongan el dinero. El ministerio de Educación ya hizo un relevamiento acerca de cuales son las necesidades en todo el sistema. Esto está caminando.
- ¿Cómo empezaron a trabajar los dispositivos para discapacitados?
- Nosotros empezamos con el tema de la tercera edad, visitamos los hogares de ancianos con frecuencia y hablamos con ellos, con la familia, con los cuidadores, para ver cuáles eran los asuntos que más los preocupaban. Obviamente, aparecían cuestiones que escapaban a nuestras posibilidades. Pero nos abocamos a otros respecto de los que sí pensamos que podíamos acercar ayuda. Y fue así como desde el INTI desarrollamos una serie de dispositivos. Por ejemplo, en un hogar de ancianos, me dicen: ·¿no pueden hacer algo con los bastones? El problema es que se caen, y cuando se caen, es un problema para nosotros agacharnos". Y uno se pone a pensar: hace 5.000 años que existe el bastón. ¿Y nadie se puso a hacer algo al respecto? Uno de nuestros técnicos hizo el recorte con una suela ojota y una herradura en la que apoyás el bastón. ¿Tenemos un genio que estuvo tapado, o pasa otra cosa? Yo llamé a mis amigos de las Pymes y les dije: "muchachos, hay viejos en todo el país que necesitan que hagamos este dispositivo para que no tengan que agacharse". Y me dijeron: "no es negocio". Yo soy un empresario, siempre lo fui, hice diez empresas. Pero si no hay nadie que se ocupe del problema social sin pensar en el negocio... esto es lo nuevo que estamos incorporando desde el INTI. Estamos viendo cómo resolver el problema de la gente. Así como el bastón, hay otro dispositivo que se inspiró en otra dificultad que vimos en la gente mayor y en algunas mujeres: su dificultad para ponerse las medias. Habíamos visto un dispositivo en Estados Unidos, pero valía mucha plata. Con un sencillo diseño de plástico hicimos un inserto para ponerte las medias cuando no podés levantar la pierna. Yo me atrevo a decir que con las tecnologías y el conocimiento que hay en el mundo se pueden mejorar en un 99% los problemas que padecen los viejos y los discapacitados. Pero lo que yo llamo "la pesadilla" es el momento desde que tenés el prototipo del producto que le sirve a la gente; quién lo fabrica; de dónde saca la plata; quién lo compra; de dónde saca la plata, cómo se lo hace conocer; cómo se cambia el comportamiento de una persona que no está acostumbrada al audífono o a la silla de ruedas. Por ejemplo, para el bastón, hemos encontrado una pequeña empresa que lo fabrica, pero no tiene capacidad de difusión. Hemos desarrollado un cartel oftalmológico, un elemento que informa que si no ves una línea, tenés que ir al oculista. Pero, por lo general, esos carteles están en el oculista. Pero los carteles no le llegaron a la gente, aun cuando yo lo intenté.
- Cómo es el perfil del empresario argentino?
- La personalidad del empresario argentino es igual que el del resto del mundo. Más allá de las diferencias. Y en la Argentina actual hay una tendencia a pedirle al empresario que sea socialmente responsable. Y eso es una barbaridad, porque la responsabilidad social debe estar implícita en cada acción.