"No voy a decir nada; los actos demuestran la conducta de los hombres, así que observen el comportamiento de cada uno y saquen conclusiones". Durante más de ocho meses, Daniel Posse logró mantener el misterio que planteó con estas palabras aquel 3 de febrero que juró como vocal de la Corte Suprema de Justicia.

Su postura fue diferente a la del presidente del máximo tribunal, Antonio Estofán, quien dejó en claro su relación amistosa con el tres veces electo titular del Poder Ejecutivo. El ex secretario de Derechos Humanos y mimado de la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich entró a la Corte sigilosamente. Esa cautela inicial llegó a impactar a los que veían en él a otro baluarte del oficialismo. Hasta que llegó la reelección de Estofán como presidente de la Corte. Se sumó a su ex compañero en el Poder Ejecutivo de la provincia y junto al vocal René Goane, conformaron una mayoría en la Corte.

Los gestos minimalistas, sus silencios, su prudencia y hasta su perfil bajo no pasaron inadvertidos en un tribunal erosionado por el hambre y la sed de protagonismo individual. La táctica de Posse funcionó: a poco de debutar como vocal, ya se había convertido en el apoyo a conquistar para todo aquel que aspirase a un espacio de poder en la Justicia. En manos del ex secretario de Gobierno de Alperovich estaba la llave para destrabar el empate (con el controvertido "autovoto" que supo imponer Alfredo Dato) entre las alianzas de Goane y Estofán, por un lado, y de Gandur y Claudia Sbdar, por el otro.

Durante los meses subsiguientes, Posse gozó de un trato privilegiado. Todos quisieron arrimarlo a su causa. Él se prestó con docilidad. Así, a las cuatro semanas de haber asumido acompañó a Sbdar a la apertura de la primera capacitación en perspectiva de género para jueces. El movimiento ilusionó al entorno de la vocal: algunos pensaron que, derechos humanos de por medio, Posse podría ser un aliado para arrebatar la presidencia de la Corte al ex fiscal de Estado.

Pero Estofán, que no tiene rivales en el terreno de la seducción, no permitió que otra u otro se apropiasen del último elegido de su amigo, el gobernador. Repasó el manual de persuasión que a su llegada a la Corte, en 2007, desplegó para ganarse el aval de sus reticentes pares. Así como en su momento viajó a Oriente con Gandur, buscó un hueco en su atribulada agenda y salió de gira con Posse. De a poco, comenzó a incluirlo en cuanta actividad oficial se le presentó.

Juntos fueron varias veces a la Casa de Gobierno, la sede de sus antiguos empleos, donde pasaron momentos tan a gusto como los que ahora disfrutan en la planta alta del palacio tribunalicio.

No faltaron los curiosos -y maldicientes- que subrayaron un exceso de "contacto" institucional, como el ocurrido el 12 de julio pasado, cuando el dúo estuvo en el acto de entrega de diplomas de un posgrado para abogados del Estado orientado al Derecho Administrativo y la Administración Pública.

Algunos se preguntaban qué hacían Posse y Estofán allí mientras a muchos -posiblemente a la mayoría de los letrados, funcionarios y ministros presentes- les parecía de lo más corriente que los dos magistrados hiciesen sociales en el Poder Ejecutivo, dando por hecho que nada cambió el día en que ambos asumieron en la Corte.

Con los meses, la colaboración entre el primer y el tercer vocal designados por Alperovich creció hasta abarcar no ya las mieles, sino también los dolores de cabeza del Poder Judicial. Siempre protegido por el antecedente de ex secretario de Derechos Humanos de la Provincia, Posse acompañó a Estofán a la histórica reunión mantenida el 1 de junio para serenar a las feministas ofendidas con Goane y su comentario sobre la incidencia de las mujeres en la baja productividad de los Tribunales. Todas las partes salieron sonriendo de la cumbre: mientras Posse se metía en su despacho sin hacer declaraciones, Estofán pedía un punto final para la polémica. Las activistas, muy conformes con el encuentro, confiaban en que la Corte iba a tomarse en serio el pedido de desplazamiento del vocal decano de sus responsabilidades en el Centro de Especialización y Capacitación Judicial y en el Cuerpo de Auditores, ignorando que, en ese momento, terminaba de cerrarse la mayoría que dio la reelección a Estofán y sacó a Gandur de su adorado Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) para entregárselo esta semana a Posse y, oh, sorpresa, ¡a Goane!

Inmolado
El segundo golpe del trío ha terminado de colocar a cada uno de sus miembros en una posición de poder institucional. Estofán -que ya preside por segundo período consecutivo el alto tribunal, el Jurado de Enjuiciamiento y la Junta Electoral- ha arreglado las cosas para que Posse encabece el CAM y, de paso, humille a Sbdar y sus pretensiones de grandeza. El ex defensor del Pueblo ha pegado un salto magnífico: conducirá al órgano que debe cubrir varias decenas de vacantes judiciales. El oficialismo, por su parte, se relame con la idea de un CAM afín para los próximos dos años.

Pero lo más impactante de la última votación en la Corte es el renacimiento de Goane de la mano de su humilde cargo de consejero suplente. No sólo no ha sido desplazado de las posiciones que ocupaba, sino que ahora, además, tendrá la chance de intervenir en la delicada selección de jueces y juezas.

La perspectiva no sólo asombra por el escándalo de sexismo -al fin y al cabo y en su laberíntica prosa, el vocal decano pidió perdón-, sino por el precedente jurisprudencial. Goane ha sido un crítico feroz del CAM que empezó a funcionar en octubre de 2009 como lo demuestran sus fallos en las cautelares que interpusieron los postulantes del primer concurso que sustanció el órgano. En esos casos, Goane promovió -e impuso- el criterio de que el CAM no estaba legitimado para defenderse y, por lo tanto, la Provincia debía representarlo. Precisamente por esto, cuatro vocalías en la Cámara Civil y Comercial de la capital permanecen aún con sillas vacías.

Y Gandur, que veía en el CAM la posibilidad de pasar a la historia, se ha quedado con las manos vacías, incluso después de inmolarse con el fallo que, vía el excepcional instituto del per saltum, adecentó la re-reelección del gobernador, a días de los comicios del 28 de agosto.

Los movimientos de unos -y la inmovilidad de otros- vocales de la Corte le quitaron protagonismo a la vida política tucumana.

Las viejas figuras de la Justicia enseñaban que la Corte era un sitio impoluto, donde se tomaban decisiones vitales para el cuidado de las instituciones. Arturo Ponsati llegó a enojarse más de una vez ante este escribiente, porque la Justicia necesitaba transparentar una conducta compacta.

Sin embargo, los hombres y las mujeres que hoy integran el Tribunal se ven superados por los acontecimientos y sus gestos descorren las cortinas de la prudencia. Es propio de estos tiempos donde todo está al descubierto.

Faltan sólo siete días para que los argentinos decidan sobre su futuro. En otros años, estas líneas se hubieran ocupado de llenar el espacio en blanco con los avatares de una contienda electoral. Sin embargo, han sido los movimientos cortesanos los que ocuparon el mayor espacio. Es que los bares, los pasillos y ahora las redes sociales no encuentran en la cuestión electoral la seducción necesaria para dedicarse a ella. Trasciende una sensación de decisión tomada. Los comicios no están atravesando la preocupación central de los argentinos; y no porque no les importe, sino porque se transmite una convicción de que la elección ya se hizo.

Muy distinta a esta suerte de inconsciente colectivo es la voluntariosa opinión del gobernador José Alperovich, que fuerza su poder de convicción para limpiar de culpa la acusación de supuesto enriquecimiento del vicegobernador licenciado y electo, Juan Manzur. Alperovich con su discurso intenta que se diluya en el olvido una cuestión que la propia Justicia Federal ha decidido, precisamente, que no pase inadvertida, y que por lo tanto se investigue.