Indiferencia, jamás. La ópera prima de Nicolás Goldbart sorprende de principio a fin. Apoyado por un elenco de excepción, el director -un pichón del español Alex de la Iglesia- muestra cómo se puede hacer cine sin el presupuesto de Hollywood.

Con matices del género del terror y del suspenso, esta comedia negra está cargada de condimentos bizarros y hace gala, por momentos, de un humor delirante en los diálogos y en las disparatadas imágenes que se suceden a los ojos de la platea. "Fase 7" es todo eso. Una pequeña joya del cine nacional que cuenta con el sonido como aliado. Se la vio durante la segunda jornada del Festival "Gerardo Vallejo".

Durante 95 minutos el espectador se enfrentará a situaciones que no le son ajenas. Los personajes viven momentos únicos y difíciles de olvidar que permiten la identificación rápida con la idiosincrasia de millones de compatriotas. Como cuando el edificio donde se desarrolla la película es declarado en cuarentena porque el virus de la Gripe A mandó al hospital a una pareja de consorcistas. Así, es aislado por personal sanitario mediante el uso de una cobertura de malla de plástico grueso y un médico -megáfono mediante- consulta a los "infectados" cuántos son los que allí viven. "Somos 16 personas y una doméstica", le informa un vecino al equipo de médicos, paramédicos y policías que se dan cita para verificar in situ la gravedad del cuadro.

Encerrados en el edificio han quedados estos vecinos, que casi no se conocen porque el complejo habitacional es nuevo. Entre ellos están "El Coco" y "La Pipi" a quienes dan vida Daniel Hendler y Jazmín Stuart, una pareja que espera un bebé; "El Horacio" a cargo de Yayo, un paranoico ilustrado, y "Don Zanutto", personaje que encarna un enigmático y siempre talentoso Federico Luppi.

Tomando en solfa la pandemia de la Gripe A en Fase 6, anunciada por la Organización Mundial de la Salud, la vida de estos vecinos de Buenos Aires cambia por completo. La desconfianza y la intriga se instala entre ellos y es el disparador de la locura que antecede al horror de ver en el vecino un potencial enfermo que hay que aislar por las buenas o por las malas. La Fase 7, según un video del paranoico Horacio, propone una reducción selectiva de la población mundial en donde sólo el más apto pueda sobrevivir. Y este es su credo.

La guerra

Como en las guerras, la lucha por el territorio se produce por la carencia de alimentos. Y es la del más apto en la que se ve envuelto el personaje de Coco, estupéndamente interpretado por Hendler, un ser humano valioso detrás de una computadora pero un completo inútil en el campo de la supervivencia. Su incursión al lado de un comando, al igual que el personaje de Yayo, alcanza picos hilarantes. Enfundados en trajes como los de la recordada historieta "El Eternauta", los vecinos recorren armados hasta los dientes el edificio colocando trampas cazabobos en las escaleras.

La trama es sencilla y el lenguaje coloquial. La peste llegó y se instaló sin permiso del consorcio. Y el director guía al tándem de descollantes actores a través de un sinnúmero de peripecias que parecen disfrutar tanto como la misma platea.