Las asociaciones empresarias son, por definición, entidades intermedias. Desde su propia denominación se interpreta que deben estar "en el medio de": ni en un extremo, con visiones excesivamente sectarias, ni en el otro, alineadas de una manera incondicional con el gobierno de turno.
Cumplen un rol fundamental en la sociedad porque tienen que poner equilibrio para garantizar la libertad. La libertad forma parte de la naturaleza humana y es una aspiración de todos los hombres. El pensamiento único, la dictadura de lo políticamente correcto que impide a los hombres disentir, es un peligro para la libertad. Y en esta época marcada por la abundancia de información, opinión y propaganda oficial, sabemos el asfixiante poder que puede ejercerse sobre la conciencia individual.
Allí es donde las entidades intermedias deben instalar temas en la sociedad, marcar agenda, dar opiniones bien fundamentadas, conservando la independencia del poder político, por el bien de la entidad, de toda la sociedad, y además, del mismo gobierno.
Las entidades deben asumir un liderazgo en la sociedad, que se opone al caudillismo populista, porque está al servicio de la sociedad a la que sirve y de la que depende, y donde las decisiones se toman tras la discusión libre y razonada.
Trabajar en conjunto
Discutir no significa pelear; debatir no significa despreciar; criticar no significa "poner palos en la rueda". La responsabilidad de trabajar en conjunto, es una lección que todavía no aprendimos en nuestra provincia ni en el país.
Y hoy es imprescindible generar la mayor transparencia en la relación Estado-empresas-sociedad, para poder corregir la indiferencia a la corrupción, la indiferencia a la extrema pobreza y marginalidad que los tucumanos podemos ver en la costanera y a la orilla de los canales, la indiferencia a la droga que la vemos en nuestras calles. ¿Podemos los tucumanos convivir con hermanos nuestros que perdieron la dignidad y con ello la libertad por falta de trabajo y oportunidades?
Los políticos y los dirigentes empresarios y sociales debemos acostumbrarnos a aceptar las críticas. El desafío por delante es titánico. Debemos pensar más en las instituciones, que son las únicas que perduran, porque los hombres sólo estamos de paso.