Juan Palomino siempre se preocupa por la memoria. Por eso tal vez se inclina por los personajes históricos, aquellos que, por distintas razones, han dejado huellas en el país. En nombre de la memoria, por ejemplo, saludó ayer que el festival Tucumán Cine 2011 lleve el nombre de Gerardo Vallejo; en nombre de la memoria, igualmente, le cuenta a LA GACETA que las interpretaciones que más satisfacciones le dieron en su vida fueron las de Bernardo de Monteagudo, Martín Fierro, Atahualpa, Juan Moreira y Manuel Dorrego.

"Sí, claro, son héroes; a los villanos los prefiero para la televisión, pero con esa dualidad propia del ser humano", admite cuando el periodista le advierte el detalle de sus favoritos.

Palomino, que viene recorriendo desde hace años los escenarios, la pantalla chica y el set de filmación, acaba de presentar en Salta y Jujuy la obra "El partener", con el Teatro Cervantes.

- Hablemos del cine en el país.

- Hay dos clases, el de la industria y el de autor. El de la industria busca recuperar el público, ser masivo, creo que está muy influenciado por cómo se produce en Estados Unidos y lo emplea como receta; el cine de autor plantea un modelo distinto. Creo que en el país conviven estas dos miradas, y un Estado presente, que debe apoyar la construcción de una identidad. Uno ve que la gente elige películas argentinas que han sido premiadas... Se está pasando por un buen momento en el país.

- ¿Y cuál elige usted?

- Bueno, cine nacional es el de Favio y Vallejo, por ejemplo; es cine argentino auténtico, que representa la identidad del país. En el otro cine hay buenas películas, pero responde a eso que digo cine americano.

- En estos días hubo denuncias contra el Incaa...

- Yo creo que se pueden discutir algunas cosas y mejorar, pero el Incaa permite seguir manteniendo al cine argentino. Para hacer una película hace falta el respaldo de una producción. De repente, no puedo alegar ignorancia si estoy consustanciado con el personaje...

- ¿Se refiere a lo que ocurrió con Mike Amigorena?

- Creo que el arte y la realidad no se pueden despegar; hay que hacer las cosas por convicciones y no por conveniencias. Reitero, no puedo asumir un personaje y después decir que no conocía de qué se trataba.

- ¿Cine, teatro o televisión?

- Me siento cómodo en esos tres lugares. Seguro, la televisión me dio popularidad y llegar masivamente al público, pero el teatro es el espacio del actor, allí es donde se vive el proceso creativo, porque en el escenario no te edita ni te ayuda nadie, no hay soplones de letras. Y eso que cuando empecé, lo hice por el cine. Por supuesto, hay que estar preparado para estar allí.

- ¿Ve televisión?

- Hay cierto anquilosamiento en la ficción, muchas repeticiones que vienen desde los 90, un cierto costumbrismo. Hay cosas que me preocupan, como la violencia verbal, de género, que se ve mucho en la pantalla, a pesar de que hay un discurso contra la violencia. Creo que hay que cambiar los contenidos, y proponer una ficción que no solo entretenga sino que estimule el pensamiento, que destaque otros valores como la solidaridad, la ética.