Charlo con mi amigo Alejandro y él se encarga de llevarme a la realidad; a la verdad de un espejismo vivido y gozado durante el Dakar 2011. Los 33 mineros ya no existen. Dejaron de ser esos héroes de carne y hueso nacidos de una aventura de supervivencia de película. El presente rayó un pasado maravilloso de idolatría hacia este grupo cuya señal de victoria era la paciencia, el estar pegado uno al otro, aguantando una tempestad en las mismísimas entrañas del infierno. El espejo estalló y sus partes volaron tan lejos que la fama se esfumó. En Copiapó los vi por primera y única vez. Esos tipos eran gigantes de la mitología griega, modelos a seguir por las masas hambrientas de triunfos. Sus palabras parecían salidas de un nuevo testamento, uno hecho a la medida del hombre ordinario, común y corriente al que todo le cuesta y seguirá costando por los siglos de los siglos.