Cuando una persona con perfiles transgresores que se ha destacado por su inventiva y sus aportes al desarrollo de la ciencia muere, rápidamente comienza a gestarse su ingreso en el templo de los mitos. Es posible que menos de un tercio de los terrícolas haya conocido, antes de su fallecimiento, sus andanzas y revoluciones en el mundo de la informática. Lo cierto es que la muerte del estadounidense Steve Jobs, ocurrida el miércoles pasado, a los 56 años, hizo conocer masivamente la vida y obra de una de las mentes más fértiles en los últimos 25 años. Sus hallazgos transformaron en muchos aspectos la tecnología y en consecuencia, la vida cotidiana de millones de seres humanos, que tienen acceso a dispositivos.

Se dijo que el "gurú" californiano logró mucho más que el renacimiento de Apple, la compañía que cofundó con Steve Wozniak y luego salvó de la bancarrota. Con sus computadoras, reproductores multimedia y teléfonos inteligentes contribuyó a cambiar el mundo de las comunicaciones. Creó máquinas fáciles de utilizar; dejó su huella en las películas animadas (Toy Story) y modificó la industria de la música con el reproductor iPod y la tienda online iTunes de música digitalizada. Su último dispositivo, la tableta iPad, fue presentado como "la llegada de la era post-PC".

Para los estadounidenses, Jobs encarnó el llamado "sueño americano" (lo dijo Barack Obama), para otros fue "una mente creativa que definió una era" o "el mejor de los mejores; al igual que Mozart o Picasso nunca será igualado". Más allá de sus logros tecnológicos, nos parece interesante reflexionar acerca de su discurso que brindó el 12 de Junio de 2005 durante el acto de graduación de la Universidad de Stanford. Entre otras cosas, Jobs dijo: "La mayor parte de las cosas con que tropecé, siguiendo mi curiosidad e intuición, resultaron ser inestimables posteriormente"; "Tienen que confiar en algo: su instinto, su destino, su vida, su karma, lo que sea. Esta perspectiva nunca me ha decepcionado, y ha hecho la diferencia en mi vida"; "Estoy convencido de que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman. Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores. Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan", "Su tiempo tiene límite, así que no lo pierdan viviendo la vida de otra persona. No se dejen atrapar por dogmas, es decir, vivir con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencien su propia voz interior. Y más importante todavía, tengan el valor de seguir su corazón e intuición, que de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario".

Como se sabe son pocos los genios que hubo a lo largo de la historia y es posible que muy pocos tengan la inteligencia de Jobs para los inventos y para los negocios. El fue el resultado de sí mismo, de sus éxitos y fracasos, de haber confiado en su corazón, en la intuición, de amar lo que hacía, una lección que habría que aprender y poner en práctica con más frecuencia. Tal vez ello no alcance para ser un superdotado, pero sí para descubrir que lo que uno construye puede ayudar a cambiar una realidad, no sólo la propia, sino también la de la comunidad donde se está inserto.