En el informe de la Fundación del Tucumán vale detenerse en el capítulo dedicado a la Educación Técnica. Ocurre que si hay una orientación que desnude la esquizofrenia de un país en materia educativa, esta es, precisamente, la educación técnica. Orientación esta que, como bien se indica en el dossier, cumple un rol fundamental en el mundo productivo porque genera mano de obra calificada.

La que durante una década fuera la Cenicienta del sistema educativo, en 2005 emergió de sus cenizas, tanto por cambios curriculares como por una política estatal de intenso apoyo al sector. Las estadísticas indican que la matrícula en los establecimientos técnicos ha crecido un 12% por año en promedio. Según datos de 2009, el 26% de los alumnos de último año de escuelas técnicas tenían un trabajo remunerado al momento del relevamiento. Las escuelas técnicas tucumanas no han sido ajenas a esta tendencia; entre esos cambios, se destaca que fueron las primeras en recibir las netbooks del Plan Conectar Igualdad; y que sus estudiantes han sido incorporados en programas de pasantías laborales, que les permiten vincular la teoría con la práctica "en terreno". Sin embargo, las señales de vacaciones anticipadas en algunas fábricas por "enfriamiento de la economía" generan inquietud, ante el peligro de que, una vez más, como en otros momentos de la historia argentina, una apuesta inteligente en materia de planificación educativa termine chocando con una coyuntura económica adversa.

Este año pasó por Tucumán un experto finlandés en educación, Timo Aarrevaara. Y cuando LA GACETA le preguntó cómo había hecho Finlandia para liderar el ranking en calidad educativa, el especialista respondió: "la llave de la buena educación está en la formación superior de los maestros. Y en que cuando uno hace una reforma, lo que hay saber es que los resultados de esas reformas recién se verán en un largo plazo".