Su teléfono no para de sonar. A veces, no sabe ni quién llama. Cada vez que atiende, repite "Gracias". Es que del otro lado del teléfono lo felicitan, lo saludan, lo miman, lo llenan de afecto. Es el hombre del momento. Todo el mundo quiere hablar con Fernando Spiner, el director de Aballay, el hombre sin miedo. En su estudio de la calle Thames al 1800, en Palermo Soho, también suena el teléfono fijo, pero de ese se encarga Valentina Astudillo, su asistente.

Es martes. Son las 16.55. Faltan cinco minutos para la cita que el propio Spiner fijó para la entrevista con LA GACETA. Pero, el estrés le da señales al cuerpo, entonces decide bajar al bar de la esquina no sólo para cambiar de aire, sino también para tomar algo que le recargue las pilas. "Hablemos con un café de por medio", dice como pidiendo permiso. "Es que necesito frenar", agrega. Ele, en la esquina de Nicaragua y Uriarte, será el lugar donde desacelerará.

Desde que se conoció la noticia de que Aballay? representará a la Argentina ante la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos, es decir, en la competencia por el Oscar a la mejor película extranjera, además de atender las llamadas, Spiner también se ocupa de un detalle clave para el futuro del filme. Nada menos que supervisar el subtitulado en inglés, que la cinta no tiene todavía, para enviar cuanto antes una copia en inglés a Hollywood, tal como lo establecen las reglas del concurso.A pesar de que las llamadas no cesan, hay una llamada que el director de cine más buscado del momento, sigue esperando. Sin embargo, esa llamada no aparece. Sospecha que llegará más temprano que tarde, pero no oculta su ansiedad.

- ¿Te cambió la vida?
- ¡Ja! Sí. Por lo menos la de hoy. Sí, estoy contento y agradecido a la gente de la Academia, porque es gente que hace películas y eso, de alguna manera, es muy grato.

- En Tucumán también estamos orgullosos de que hayas elegido a Amaicha del Valle para filmar Aballay y, de algún modo, empujamos para que la película funcione?
- Si, estuvimos ahí y recibimos toda la buena onda que generó la película. Es algo inolvidable. Ahora voy a volver a Tucumán para el festival de cine (Tucumán Cine 2011, en la sexta edición, es organizado por la Dirección de Medios Audiovisuales y se realizará del 13 al 19 de este mes).

-¿Cómo fue la experiencia de trabajar con los pobladores de Amaicha del Valle?
- Fue muy linda. Fue una de las vivencias importantes de la película. Fue como un acuerdo. ¿Viste cuando compartís con alguien un objetivo común? Entonces el encuentro es verdadero, porque hay un objetivo claro y eso es lo que nos pasó. Cuando empezamos la película, se hizo un ritual a la Pachamama y creo que, de alguna manera, la película está protegida por la Pachamama. Hemos vivido esos momentos y sentimos que fue verdadero. Por eso volvimos a mostrarles la película y fue muy lindo porque cumplimos lo que habíamos prometido. Eso le dio valor a la palabra y al respeto nuestro para con toda esa cultura.

- ¿Conocías el ritual a la Pachamama?
- Sí, lo conocía porque tuve la suerte de viajar mucho por la Argentina. Lo conocía pero no había tenido la ocasión de compartirlo desde adentro, porque es distinto cuando lo que se pide es algo por lo que uno quiere y eso fue sucediendo a lo largo del tiempo, de esos dos meses de trabajo. Las personas nos fuimos conociendo, incluso en cómo nos comportábamos.

- ¿Sentís que la Pachamama hoy está devolviéndote todo eso?
- Totalmente. No sólo hoy. Fue a lo largo de toda la película. Hicimos una película con tiros, caídas, persecuciones, caballos, todo al aire libre, en lugares desérticos, con mucho sol de día, pero con mucho frío de noche, con animales que te podían picar, pero no sucedió nada, nada, ¿entendés?

- A eso también te referís cuando decís que estaban protegidos...
- Estábamos protegidos de verdad y después todo lo que pasó con la película no hizo más que demostrar eso. La película está cargada de una espiritualidad, de una vivencia, de un amor, de una pasión y de una reflexión sobre temas que son importantes. Todo lo que está en la película es algo bueno; es decir no está pensado para ser un negocio, sino para contar algo, para dejar algo.

- Inclusive el tiempo que pasó desde que surgió la idea, porque el cuento Aballay, de Di Benedetto, lo leíste hace más de 20 años. Me refiero a todo lo que pasó en el medio hasta poder hacer la película. ¿Qué pensás de eso?
- Si. Pasaron 20 años de mi vida y en el medio hice otras películas, porque surgieron otros proyectos y todos los intentos fallidos para hacer este proyecto, pero bueno es una alegría haber podido concretarlo y que esté cargado de tanta buena onda. Muchas veces en el afán de hacer algo, uno deja de lado lo más importante que son las personas y las vivencias, mientras lo estás haciendo. En este caso fue todo tan lindo que ojalá pudiera vivir otro proyecto como este con tanta pasión.

- ¿Qué significa Aballay para vos?
- Para mí, Aballay significa 20 años de mi vida, porque atraviesa toda mi relación con el cine y mi relación con otras personas. Una película es algo que se hace en común con otros.

Suena el teléfono. Alguien quiere hablar con Spiner, que atiende el celular.

- Te decía que son veinte años de mi vida, que contienen la posibilidad de ver lo que es la madurez en el oficio?

Otra vez, el teléfono?

- Todo esto es tan significativo que me resulta difícil enumerarlo.

- ¿Qué imagen te quedó de la gente de Amaicha del Valle?
- La mejor. Pero no tengo tantas anécdotas para contar, porque es tanta la concentración en hacer lo que estoy haciendo en ese momento que por ahí cualquier otro puede contarlas. Es más, cuando surgía la posibilidad de alguna anécdota, yo dejaba de prestar atención para no desconcentrarme. Pero debo decir que lo más grandioso de hacer esta película fue conocer esta gente, sentir que hay un lugar como Amaicha del Valle, donde uno tiene el recuerdo de haber hecho algo que quedó para siempre, que lo hicimos juntos y que nos respetamos, nos valoramos, nos ayudamos y que después lo celebramos?

- Es decir, que la Pachamama puede acompañar todo este proceso. ¿Lo pensás así?
- Sin ninguna duda. Además, una cosa que nos gustó mucho es cómo preservan esas costumbres con la utilización de las plantas, como preparar un te de yuyos. Todo eso que es un saber milenario y que la civilización lo destruye.

- ¿Alguna vez estuvo en riesgo la realización de la película? ¿Pensaste que podía caerse el proyecto o sabías que estaba pendiente y que en algún momento se hacía realidad?
- Una película siempre está a punto de caerse. Pero en este caso nunca terminó de armarse hasta que finalmente la pude armar gracias a un premio, que ayudó a financiar el proyecto, y después hubo otras colaboraciones, como la del gobierno de Tucumán, como la de la Universidad de Lomas de Zamora.

- Ahora, más que nunca, ¿le tenés fe a la película?
- Para mi todo lo logrado hasta aquí es enorme. Quiero decir que sí le tengo fe. La película va a hacer su recorrido y sabemos que tiene sus chances.

- Hay una paradoja. Se calcula que durante el mes que estuvo en cartelera, la vieron unas 35.000 personas en todo el país. Hoy todos hablan de Aballay, pero pocos fueron a verla. ¿Por qué crees que a los argentinos les cuesta tanto ver cine argentino?
- Son muchos años de colonialismo cultural y de imperialismo económico. Es así de fácil. Hace tantos años que nosotros vemos cine americano que ahora no se puede ver una película latinoamericana en ningún país latinoamericano. Hoy, nosotros podemos ver nuestras propias películas sólo si nos dan lugar, porque lamentablemente tienen prioridad las películas americanas.

- Si se reestrena habrás nuevos espectadores. Más gente podrá ver la película?
- Sí, ojalá. Estamos esperando eso. Creo que se resolverá en los próximos días. Aspiramos a que así sea, porque la hicimos para eso, para que la gente la vea. Además invertimos dinero... y ojalá que podamos recuperarlo (se ríe).

- Hablando de la inversión ¿cómo están hoy los números?
- Estamos ahí un poquito para atrás, pero si se reestrena creo que vamos a salir para adelante.

- ¿La participación de las copleras dentro del filme se encontraba decidida desde un principio o se resolvió durante el rodaje?
- Lo fuimos conociendo ahí. La gente nos decía: quieren conocer a? sí vamos a? y "hola, mucho gusto" y había charlas y después de todas esas cosas fuimos viendo dónde podíamos llegar a meterlas en la película y bueno? sinceramente ese lugar le dio verdad a la película.

- También hay sikus, charangos y tantos otros elementos del folclore?
- Claro, totalmente. Además, está la coplera que canta una copla que es verdad. Está Pastrana, que es el mismo Pastrana de los pueblos originarios con abuelos y bisabuelos con mucha historia, y bueno, son cosas que a la película le fueron dando una verdad que ahora ya tiene instalada y que hace que se la banque en cualquier circunstancia.

- Esto que estás diciendo hace pensar en que podrías volver a Tucumán a filmar. ¿Te gustaría volver?
- Sí. Estoy encantado de la experiencia con Tucumán. Fue muy linda. Ojalá pueda volver. Si dependiera del apoyo del gobierno de Tucumán, pienso que sí, porque ha sido una buena experiencia. Pero armar un nuevo proyecto lleva más complejidad, pero me gustaría volver a tener la posibilidad de trabajar en Amaicha.

- Además, el clima, el hecho de que no llueve en Amaicha del Valle, ayuda al trabajo de filmación...
- Indudablemente. Ese fue un elemento que inclinó la balanza para ir a filmar. Cuando no tenés margen para el error, no puede llover. Teníamos que filmar en ocho o nueve semanas, pero lo hicimos en seis. Así se hace un proyecto. Hay que tener cintura para llevarlo adelante.

- ¿Cuántos llamados telefónicos recibiste hasta ahora, desde que se conoció la decisión de la academia argentina?
- ¡Ja! No sé: ya perdí la cuenta. Ya no sé cómo hacer para responder los e-mails, el Facebook, los mensajes de texto, las llamas perdidas... Y tengo mensajes que no sé de quiénes son, de verdad. Ahora estoy esperando un llamado muy importante del laboratorio por la copia con subtítulo en inglés que tenemos que mandar a Hollywood.

Interrumpe para llamar. "Hola, ¿Vale? -pregunta Spiner-. Estoy terminando una nota con un periodista tucumano. ¿Querés que te lleve unas medialunas? Bueno dale, te llevo tres?

Del primero al último

Spiner tiene el pelo enrulado como tirabuzón. Viste pantalón negro, zapatos negros, remera negra y lleva puesto un pulóver negro. De lejos parece un músico de rock. Es delgado, alto y en estos días tiene la sonrisa a flor de piel. Cada vez que corta el teléfono dice: "soy mesurado, pero estoy feliz". Spiner presenció la votación. Fue a ver cómo le iba en esa instancia. Todavía recuerda que el primero y el último voto fueron para Aballay?

- ¿Qué significa Antonio Di Benedetto para vos?
- Di Benedetto es el corazón de todo esto. Es a partir de su cuento que se empieza a construir todo y para mí Aballay fue la puerta de acceso a la obra de Di Benedetto. Así fue que conocí una obra increíble y una vida increíble. Es un tipo que padeció el terrorismo de Estado. En la dictadura, Di Benedetto estuvo preso sin saber por qué y es sorprendente que el tipo que estuvo padeciendo la violencia de la tortura pudo escribir un cuento en el que se ponía en el lugar del violento y podía ver cómo el violento sufría. Así que Di Benedetto es lo primero de todo. Y algo que me da mucho orgullo es que la película sirva a la difusión de la obra de Di Benedetto.

- ¿Alguna vez pudiste encontrarte con Di Benedetto?
Lamentablemente, no. Pero accedí a manuscritos y a cartas escritas por él y me he cruzado con amigos de él que al ver la película dicen "a Di Benedetto le hubiera gustado mucho", así que eso me da mucho gusto. Soy un gran admirador de su obra y dentro de mi capacidad para valorar la literatura, que no son las mismas que las de un escritor, otros grandes escritores dicen que su escritura es algo superior, increíble, por lo que cuenta y por las palabras que usa.

- Frente a otros escritores latinoamericanos ¿en qué lugar ubicás a Di Benedetto?
- No puedo dejar de estar influenciado por lo que decían de él Borges, Cortázar, Juan José Saer, que lo consideran un número uno, un tipo de una escritura soberbia, pero lamentablemente Di Benedetto no es un autor que haya llegado todavía de manera popular o masivamente. Sin embargo, eso no significa que sea un autor complejo, sino porque a veces las cosas dependen de las modas.

- ¿Hay otra obra de Di Benedetto que te atrape tanto como Aballay?
Sí, hay una obra que me gusta mucho y que se llama El Silenciero. Es muy interesante, pero igual no sé qué es lo que voy a hacer con eso? No te olvidés que hay que tener mucha convicción porque después el camino es muy largo?

Suena el teléfono por enésima vez. "Voy a tener que atender", dice como disculpándose. Se levanta de la silla, habla, camina entre las mesas, busca la puerta, sale a la vereda para tener privacidad en la vía pública, siempre con el celular pegado al oído. Después corta, guarda el teléfono, vuelve a entrar al bar, junta las páginas de los diarios que se llevará de recuerdo. Acepta unas fotos, saluda y se va por las porteñas y arboladas callecitas de Palermo. Mientras camina, saca otra vez el celular del bolsillo? alguien más quiere hablar con Spiner, un director de cine tan sencillo y tan mesurado que parece un vecino de la vuelta de la esquina que vuelve de la panadería con tres medialunas en la mano? © LA GACETA